Hablo de un hermano que es negro y dice asere, fula y ¿qué bolá?; que venera al arte y sus cultores, tanto que se acuerda de que hoy, 24 de agosto, el Benny (de quien es fanático) cumpliría 107 años.
La Ana Betancourt que conocí esta tarde no solo lleva el mismo nombre de otra mujer cubana que se le adelantó en el tiempo. Heredó también la estirpe de la patriota, la primera en la historia en alzar la voz a favor de la mujer.
Pareciera que la valentía está reservada para usarla solo en caso de guerra, mientras, bajo impresionante paz, cae lo pequeño y lo grande que, antes, debe salvarse.
Fidel Castro iluminó desde pequeño, más allá de los cedros del patio en la casona familiar de su natal Birán; y después, con los años, esa lumbre cruzó mares y cielos para convencer a los oprimidos de que existía un modo de abrir puertas y alas, y echarse al viento.
¡Abuso, chantaje y crimen! En Cuba no puede haber una mejor gestión del Estado ni el cubano puede tener una vida mejor. El mismo Gobierno estadounidense, en palabras de Marco Rubio, lo reconoce: «Cada vez que encuentran una salida, la cerramos».