Fidel Castro iluminó desde pequeño, más allá de los cedros del patio en la casona familiar de su natal Birán; y después, con los años, esa lumbre cruzó mares y cielos para convencer a los oprimidos de que existía un modo de abrir puertas y alas, y echarse al viento.
¡Abuso, chantaje y crimen! En Cuba no puede haber una mejor gestión del Estado ni el cubano puede tener una vida mejor. El mismo Gobierno estadounidense, en palabras de Marco Rubio, lo reconoce: «Cada vez que encuentran una salida, la cerramos».
A 73 años del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, repasamos los días, los sacrificios y la estrategia que gestaron la rebeldía nacional.
Entonces esta autora quiere imaginarlo vivo con al menos un poema: quizás en él hallemos respuesta a una duda que hace un tiempo flota en el aire humeante del horizonte: ¿De qué tamaño es el monumento que merece este pueblo?
Es justo que alguna hora por venir, no importa cuánto demore, llegue con el cese del bloqueo energético, equivalente a un bloqueo naval y, a su vez, en un acto de guerra.