15 de mayo de 1955: la libertad como orden de combate
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Salieron por la puerta principal, bajaron la escalinata y el aire de la entonces Isla de Pinos les besó los rostros, uno por uno. Eran apenas una treintena de jóvenes pero tenían el peso de un pueblo entero.
Hoy, aun fuera de los teatros de celebración, rompen, cerca o lejos, el tres y el resto de los instrumentos; y, a intervalos, la brisa reparte músicas: en casi todas, el son está.
No se sabe si él volverá a sonreír, así, como en Cuba. Propongo batallar por ello. Conservar la ternura en tiempos de odios y genocidios es el acto más revolucionario de todos.