Yo soy de donde hay tres basureros. Están ahí desde hace tiempo, con sus colectores azules que desafían los estragos del tiempo y ahora asoman, repletos y disminuidos, por encima de los vertederos a la vera de la calle.
Por estos días, los que quedan son sobrevivientes de la candela, igual que los postes eléctricos, las empresas, las escuelas; y todo lo que está en derredor, porque el peligro de quemar un basurero supera el poder de las llamas; estas suelen salirse de control, se expanden, explotan, suben, destruyen, matan. Se apagan acaso, pero dejan su diáspora venenosa en el ambiente quién sabe hasta cuándo.
He aquí una disyuntiva durísima, una prueba de fuego. La basura tiene mucho de autorretrato para el instinto animal y pareciera que se concreta el caos diseñado por el enemigo histórico de Cuba: un espectáculo de escombros, desechos orgánicos, piltrafas malolientes.

Entre los más de dos millones de habitantes de La Habana, no son pocos los que viven en condiciones similares. El problema es viejo. Sus orígenes estriban en el bloqueo estadounidense y pasan desde la baja paga al trabajador comunal y el consiguiente desinterés por desempeñarse en labores arduas mal retribuidas, hasta lo último que trajo el barco: el bloqueo petrolero.
Mas la culpa de la basura y la quema por todas partes no se queda ahí. De la realidad que, como cosa grande, se ve de lejos, voy a la lectura: primero a los medios oficiales y lo que dicen las autoridades, después a las redes y los comentarios de la gente. Y uno suele pensar, y hasta se hace juicios: hay cuestiones que, por obvias y urgentes, requieren métodos más serios y masivos.
Leo, por ejemplo que “ya se identificaron 122 puntos de transferencia o de acopio temporal de residuos sólidos urbanos en proceso de certificación por las autoridades correspondientes”. Yo no sé —o sí: hay que ser precavidos—, pero la práctica ha demostrado la lentitud de este tipo de trámites. Ojalá me equivoque.
Se dice que la propuesta fue evaluada, in situ, por especialistas de seis ministerios y autoridades políticas y gubernamentales de los consejos populares de la capital. Sin embargo, reconocieron que “lo principal que se necesita es la cooperación y la participación de la población”.
¿Y el combustible? O sea, ¿y la convocatoria? Mis ideas se tejen. Hace falta una convocatoria que raye en campaña. Hay inteligencias capaces de diseñarla: que precise los objetivos e incite a ir por ellos sí o sí, que defina los canales de divulgación adecuados, el presupuesto, los medios y a quiénes involucra —a todos en este caso—; y, sobre todo, que puntualice que la tarea no es de un día ni una semana.
Yo soy de donde hay basura por varios flancos. Hoy el viento arrastra la inmundicia, la trae hasta los portales y nos la pone en la cara. Mañana la ciudad generará otros 30 000 metros cúbicos. Y así. Ahorita llegarán las lluvias, el calor y los mosquitos… Urge contar con la gente y sus aportes, incluida la disciplina. El cubano aún disfruta ser parte de la solución.