Donald Trump, en su segundo mandato, intenta proyectar una imagen de negociador de paz, pero su política exterior se mueve entre sanciones, presión militar y defensa de intereses estratégicos que contradicen esa retórica.
¿Libertad dicen?, sí. Pero suena falso, hueco, espectáculo rentable. Hasta de piscina libre de agua o de café libre de cafeína pudieran estar hablando. Al menos así es para mí, que en esta hora difícil siento más corazones que arenas en mi pecho.
Hoy estoy al tanto, como millones de compatriotas, de los sucesos recientes. Miro la Plaza desde la ventana, anhelo ir y, por un instante, tener quien nos hable.
Hay que ser quijotes para empeñarse en defender la paz, la libertad, la fraternidad y los derechos; aspiraciones meridianas en este remolino de amenazas que originan foros y diálogos.
Cuba, quizás arropada aún, recordará que es el mes del amor, y preparará trueques de corazones y flores para el 14, y homenajes y tributos para el 24. Hay amenazas, como ya se sabe. Pero aquí les costará matar las ilusiones, los sueños y la memoria.