En un acto que conjuga la esperanza con la acción solidaria, el Hospital Pediátrico Universitario William Soler, centro de referencia nacional en cardiología pediátrica, se convirtió en el escenario donde la cooperación internacional dejó una huella tangible.
Bajo el compromiso solidario, el donativo entregado al hospital incluye 14 toneladas de alimentos, aseo, insumos médicos y medicamentos, distribuidos en cuatro contenedores de ayuda humanitaria, además de una contribución especial de la Fundación Antonio Núñez Jiménez consistente en 14 bicicletas destinadas a apoyar la movilidad de pacientes y trabajadores de la institución.
La descarga de cada contenedor representó no solo la recepción de recursos materiales, sino la materialización de un esfuerzo colectivo que sortea obstáculos geopolíticos.
Desde el hospital William Soler, centro de referencia nacional en cardiología pediátrica, se recibió con emoción este aporte que permitirá mejorar la atención a pequeños con padecimientos graves, como señaló Eugenio Selman Housein Sosa, director del Cardiocentro. La institución, que diariamente enfrenta el desafío de salvar vidas en medio de limitaciones, vio en esta donación un impulso directo a su quehacer asistencial.
Expresó también su gratitud a la delegación presente: “lo que ustedes están haciendo va a tener un impacto real y efectivo en los pacientes, en la atención para contribuir a mejorar su enfermedad y la calidad de vida luego de eso”.
Sus palabras reflejaron la importancia de cada insumo y cada recurso en un entorno donde la precisión médica es determinante para la recuperación de los niños.
Esta ayuda constituye un gesto de solidaridad la llegada de esta ayuda humanitaria, organizada por el convoy Nuestra América, que cobra especial relevancia en el contexto actual de Cuba, donde el bloqueo impuesto por Estados Unidos dificulta la adquisición de medicamentos, equipos y piezas de repuesto indispensables para la atención de pacientes, en particular niños con enfermedades cardíacas. La presencia del convoy se erige así como un contrapeso a las políticas de asfixia económica.
Fruto de la organización popular, los responsables de recaudar recursos para enviar la flotilla compartieron que su experiencia en Cuba representa un respiro y una fuerza renovada tras intentos anteriores de llevar ayuda humanitaria a Gaza, frustrados por la intervención de fuerzas de ocupación. Este antecedente otorga un significado aún más profundo a la jornada en La Habana, transformando un intento fallido en una victoria de la solidaridad activa.
Ganar la posibilidad de llegar a Cuba y entregar la ayuda que no nos dejaron llevar a Gaza es para nosotros de gran valor, pues el pueblo cubano siempre ha sido solidario con el mundo, y ahora nos toca a nosotros corresponder, añadió León Avilés, quien recordó la presencia de brigadas médicas cubanas en Ecuador tras el terremoto de 2016. El recuerdo de aquellos días de desastre natural sirvió para subrayar el principio de reciprocidad que guía a los integrantes del convoy.
Hermanados en el compromiso internacionalista, la delegación integrada por representantes de Ecuador, México, España, Italia, Australia y otros países destacó que la acción es fruto de la organización popular y del compromiso más allá de partidos políticos o intereses económicos. Esta diversidad de orígenes evidenció la naturaleza amplia y plural de un movimiento que prioriza la causa humanitaria por encima de cualquier bandera partidista.
Intentaremos seguir adelante, aunque sea difícil conseguir financiamiento para más barcos, porque la solidaridad no se detiene, subrayaron. La declaración se erige como un compromiso de continuidad, anunciando que esta no será una acción aislada, sino el inicio de una cadena de gestos sostenidos en el tiempo.
Junto a cada contenedor descargado, se envía también un mensaje al mundo: la solidaridad puede más que el bloqueo. Este gesto reafirma la vigencia del internacionalismo y la hermandad entre los pueblos, valores que se hacen más visibles en tiempos de dificultades. En medio de las carencias provocadas por el bloqueo, la llegada de estos insumos al hospital es símbolo de esperanza y de la fuerza de la solidaridad mundial hacia Cuba.