Le dicen «el domador de palabras». Tiene 26 años y algo —mezcla de sencillez y buen talante— que le granjea valía y estima entre quienes lo seguimos, en defensa del idioma, por televisión y espacios digitales.
Es profesor y periodista multipremiado en el Concurso Nacional de Periodismo 26 de Julio. Se llama Cristian Martínez González y creó, en su época de estudiante, el blog Buen Idioma.
El espacio digital en pos del uso correcto de la lengua materna en los medios de comunicación, a la vuelta de seis años, devino proyecto multimedia con una comunidad que ronda los 350 000 seguidores entre Instagram y Facebook, añadido el alcance de un segmento fijo en la revista Buenos días de la televisión cubana.

Lo conocí este 23 de abril durante la primera presentación en público de la revista digital. Fue en la biblioteca Almudena Grandes, del capitalino municipio de Playa, una sala pulcrísima y pequeña, pero de una dimensión incalculable para quien no estuvo en el encuentro, parte de las celebraciones por el sexto aniversario de la iniciativa. Por eso lo cuento.
Cristian, despojado del bléiser, más joven que en pantallas y dado al diálogo coloquial, se refirió a los inicios, a la décima edición de la revista en homenaje al Día del Idioma Español y al centenario de la Academia Cubana de la Lengua.

Igualmente, hizo alusión a los mitos lingüísticos que persisten y a la necesidad de admitir que el idioma es un ente vivo: que lo que ayer se consideraba un error puede que hoy sea aceptado como correcto.
«El español en Cuba goza de buena salud», dijo; y lo sentí a la vera del reguetón, el reparto y otros textos… Pero no. Incluso ejemplificó cómo un fragmento de canción de reparto funciona para tratar temas lingüísticos.
Lo hizo así, a ras de la predilección de Neruda por las palabras: «Las amo, (…) Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces…».
El adelanto de Palabras viajeras, un audiovisual de dibujos animados para acercar a los niños a las curiosidades del idioma, fue otro de los regalos, lo mismo que bombones para quienes completaran frases de cubanía durante una dinámica concebida para el cierre.
Y con Cristian Martínez, allí, jóvenes y adultos: colegas, amigos…, su mamá, con ojitos colaboradores y el corazón feliz, llamándolo «Papito»; yo, maravillada como cada vez que hallo en este mundo personas incansables y consagradas; y otros que rayan en el ocaso de la vida, pero que siguen haciendo por el español desde las redes, la cátedra, el aula, la casa…

Todos cómplices. Y en cada rostro la pasión por el buen idioma: por domar las palabras si fuera preciso. Porque son nuestras, sí. Como buenos lectores supimos que se les fueron cayendo de las botas y las herraduras a los conquistadores, y nos las dejaron aquí, como piedrecitas resplandecientes.