Por estas fechas Cuba recuerda el legado de Nicolás Guillén. Dos aniversarios: el natalicio y la muerte del poeta ocurridos por azar en julio. Son 124 años de su nacimiento y 37 de su deceso.
Más de un siglo hace que se abrió paso una nueva leyenda en Camagüey, un hijo con ángel que, muy joven, se elevó sobre los tinajones y vino a parar a La Habana, tal vez para ver de cerca y más descarnados a la gente y los barrios de su país. Aquí encontró motivos para su obra ya imperecedera.
Fue larga la vida del Poeta Nacional para bien de las letras y la espiritualidad de su pueblo, hoy y siempre.
«Haz que tu vida sea / campana que repique / o surco en que florezca y fructifique (…)».
Y sí, repica en La Habana. La ciudad tiene vida: olores, ruidos, risas, dolores, movimiento y memoria. Hay gente en las calles y, bajo los techos al mediodía, están llenos los timbiriches en improvisados portales. Para cualquier mortal al tanto de las sanciones y el cerco yanqui contra Cuba, pareciera que son abastecidos por pasadizos subterráneos.
A intervalos, aunque muy largos, se escuchan sirenas: pueden ser ambulancias o bomberos porque aún hay atención médica y fuegos que apagar. Y el paisaje, con todo lo que arropa, tiene banda sonora: el son rompe a mitad de ópera, entero, nuevo, «sin susto», y alegra los corazones.
Los periodistas trabajan. Lo hacen sin conexión, sin carga… Yo, a propósito de la existencia necesaria de Guillén, cuento un pedazo del día en la Cuba que habito —porque debe hablarse de esta nación en cada letra que se escriba—. Mientras, pienso que la muerte no debió atreverse con nuestro Poeta Nacional, con tanto por decir.
¿Qué versos escribiría hoy Guillén?
Seguramente sería una impronta despojada de lamento y nostalgia. Su obra, que bebió del mestizaje, la música popular y la denuncia ante las injusticias, fue siempre un acto de diálogo con la realidad.
Entonces esta autora quiere imaginarlo vivo con al menos un poema: quizás en él hallemos respuesta a una duda que hace un tiempo flota en el aire humeante del horizonte: ¿De qué tamaño es el monumento que merece este pueblo?