Corre el mes de julio. Cuba le da la bienvenida con deseos de dormir. Cuando menos, dormir bien durante algunas de sus 31 noches.
«¡No puede ser! Que la quiten de día. El sueño es sagrado!», exclamó Lauren porque su zona de residencia estrenó apagones nocturnos por estos días. Ella lo dijo en teoría, digo yo, porque lo sé en la práctica —dormir es vital para la vida, para la salud—; y lo dirían también, de haberla escuchado, las miles de personas trasnochadas que, al amanecer, salen de casa a labrar el día a día.
Hoy me encontré, en La Habana honda y caliente, con un niño de unos ocho años vendiendo en una feria. Deambulaba entre la gente con una cesta plástica gris llena de paqueticos iguales a los que exhibían en las tarimas atendidas por seres ojerizos y de mal humor. No le compré al muchachito; me dio por hacerle preguntas. Él, con cara de «no entiendo nada», me respondió. Y continuó pregonando, apagada, acaso no por el bullicio, aquella voz infantil. Fue suficiente: cuando llegue la noche, aunque llueva y refresque, aunque pongan la corriente y pueda usar mi equipo de clima, si funcionara, será imposible dormir.
También conocí a Samir, que no pasa de los 12 y «trabaja» pidiendo dinero. Conversamos unos minutos. Samir tiene las piernas más delgadas que he visto y la piel llena de punticos marrones: «son picadas de mosquito de anoche», me dijo con naturalidad, y se rascó la canilla derecha con la misma mano que sostenía los 20 pesos que pude darle. Después me dio la espalda y su figura se perdió en el humo de un basurero. Es la primera vez que regalo dinero en la calle, quizás porque nunca antes me había visto en tal circunstancia: los mendigos en Cuba son mayores de edad.
En otra esquina de aquel enclave, al que muchos reconocen ya como República independiente, vi de lejos a Yolanda Hinojosa. Su nombre lo supe luego de acercarme a ella, cuando llegó al portal de su casa y se sentó con la jaba de pan en las piernas. A veces uno hace arreglos con el agotamiento físico y mental, y se pone de ánimo para dialogar: ella prefiere quedarse afuera, al fresco, hasta que pongan las dos horas de luz. Yolanda tampoco durmió la primera noche de julio.
Al despedirme me brindó su portal para «si algún día quiere abrir un negocio —esta es una zona muy buena pa’ los negocios—», aseguró, mientras me alejaba y la besaba por señas.
La fe en el sueño
Este mes pudiera ser mejor que el anterior. La dirección del país se enfoca en el sueño imposible de la población.
Aunque la Unión Eléctrica enfrenta un escenario complejo, se prevé que hoy Mariel 5 se incorpore aportando 60 megawatts (MW). De igual modo, unos días más adelante, lo deberá hacer la Unidad 6 de Nuevitas con 90 MW, arrancará Mariel 6 con 90 MW; y para los días 20 y 26 retornarán Habana 3 y Renté 5, respectivamente. Alrededor de 400 MW podrían sumarse al sistema, de no ocurrir nuevas averías.
Por esto último, a lo interno se trabaja duro. No es menor el esfuerzo en el terreno diplomático: Cuba busca vías para reforzar la denuncia ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y plantear la necesidad de poner fin al bloqueo estadounidense, ahora recrudecido con cero combustibles. Argumentos le sobran a la nación antillana: en el foro se hablará de otra manera, pero serán contadas estas mismas historias y miles más, todas relacionadas con esta suerte de genocidio.