En la llanura del municipio matancero de Jovellanos late un secreto que pocos urbanos llegan a ver. No es oro ni es petróleo: son alas diminutas que sostienen una parte fundamental de la economía cubana.
Nos referimos al Centro de Abejas Reina «El Copal», un eslabón clave en la soberanía alimentaria y las exportaciones del archipiélago.
«El país como media produce unas 8 000 toneladas de miel», refiere Alberto Vicente Ávila Abreu, Director de la Empresa Apícola Cubana. El reto viene acompañado del esfuerzo constante de alrededor de 1 900 apicultores en toda la nación.

«Contamos con personal calificado y con experiencia en el sector y debemos estar sorteando todas las dificultades que presentamos», significa Ávila.
Ada Luz: una ingeniera entre alas
La historia de Ada Luz García, especialista del centro de abejas reina «El Copal», en Jovellanos, provincia de Matanzas, es solo una de tantas que hacen posible los sueños de la apicultura en Cuba.

«Empecé en el centro en el año 2012, soy ingeniera de profesión, pero me gustó este mundo y desde esa época me enamoré de él y empezamos a trabajar en el criadero. Eran poquitos núcleos, esto era muchísimo más pequeño, y ahí poco a poco me enamoré cada día más del trabajo, porque es muy bonito», señala Ada.
Y asegura que incluso hay estudiantes de las universidades de Matanzas y Mayabeque que van hasta allá y los ayudan a hacer sus prácticas y trabajos de cursos. «Siempre estamos dispuestos a ayudar».
Laboratorio natural: así se mejora la genética
En «El Copal» no se crían abejas comunes. Se seleccionan, se estudian, se mejora la genética para lograr tres cualidades fundamentales: docilidad, o mansedumbre, resistencia a enfermedades y alta producción.
«Yo tengo aquí 300 núcleos de fecundación, que son las cajitas chiquitas. El plan y las normas dicen que debe sacarse una abeja reina por núcleo en el mes, pero hay un por ciento que a veces no tiene la calidad necesaria para venderse. De 300 núcleos, nosotros logramos entre 250 y 270», confiesa Ada.
«El programa de mejoramiento genético en el que está incluido este centro y los demás del país son decisivos para el trabajo con la abeja en nuestro país y lograr una alta producción”, indica Yuliet Arias Lorenzo, Directora de Servicios Científico Técnicos del Centro de Investigaciones Apícolas.

El 90% que viaja al mundo
La miel cubana es un producto de alta demanda internacional. El 90 por ciento de lo que se produce en la nación viaja a mercados como Alemania, España, Holanda, Suiza, y otras naciones. Por eso la crianza de reinas es decisiva.
«Lo principal que debe tener es el fenotipo, que sea una reina bonita, que tenga el tamaño necesario y el peso. Debe pesar entre 240 y 280 gramos, ya con eso ella está bien», dice Ada.

«Nosotros no aplicamos medicamentos en el país, y por eso obtenemos colmenas sanas, resistentes a las enfermedades y un aumento de la producción, que nos beneficia de manera general a la apicultura y al país, acota la especialista del Centro de Investigaciones Apícolas.
15% más de producción: el secreto está en la reina
El dato que lo revela todo es que una reina joven puede aumentar la producción de miel de una colmena entre un 15 y un 30 por ciento. En un país que necesita divisas, esa diferencia es estratégica.

«Tenemos aproximadamente 80 centros de cría en la mayor de las Antillas. Es una forma de llevarles a los productores una abeja con características propias que se requieren», continúa la investigadora.
17 millones de dólares: el peso de lo pequeño
Hablamos de un sector que aporta alrededor de 17 millones de dólares anuales al Ministerio de la Agricultura. Por tal motivo, las estrategias están dirigidas a buscar también soberanía energética.
«A finales de marzo debemos cumplimentar la situación de Matanzas. Tenemos los paneles, estamos en la importación de inversores, y pensamos que debemos terminar en el primer semestre del año. Después tendremos planta occidente y ya en el primer semestre incluiríamos la Planta Contramaestre Centro, y estaríamos tratando de darle solución además, a algunos de los productores que ganan divisas».
A la pregunta de si les es posible ayudar a importar paneles y propiciar beneficios en los hogares para mejorar la calidad de vida, la máxima autoridad del sector confirma que ese es uno de los propósitos del centro en este momento tan complejo con los combustibles.
El zumbido que sostiene el futuro
La apicultura requiere, además de madera, otros elementos de colmena que también constituyen un desafío. Por eso las exportaciones van más allá de la miel. Este año dice el director «exportamos polen, seguimos en la exportación de propóleo rojo, y queremos ponerle tecnología de punta a su extracción”, finaliza.

En un mundo que enfrenta crisis climáticas y alimentarias, lugares como este nos recuerdan que las soluciones están, muchas veces, en lo pequeño. En una abeja que zumba, en una reina que vuela.