Hoy hace 152 años. En audaz enfrentamiento fue ultimado Carlos Manuel de Céspedes por una columna española que había ido por él a su casa, al San Lorenzo verde y profundo.
Los seres humanos habitan el tiempo y son necesarios el testimonio y el legado. Por eso existe la memoria de los libros. Yo no recuerdo la primera vez que vi el mar, pero sí del día que mi madre me enseñó a leer y de los pasajes del libro de historia que usó para ello.
Así supe de aquel día fatídico en que la causa independentista perdió al hombre que las futuras generaciones conocerían como el «Padre de la Patria», porque ante la disyuntiva de escoger entre la vida de su hijo y la Revolución, se quedó con esta última; conocí de un héroe que protagonizó, en un acto de justicia sin precedentes, el inicio de la contienda por la independencia de Cuba materializada un siglo después, en enero de 1959.
Yo no tuve libros de cuentos hasta mucho después de aprender a leer con uno de historia, pero me llegaron a tiempo, igual sucedió con los periódicos y las noticias. Había villanos, que nunca han faltado; pero leer entonces era una buena costumbre para aprender a vivir y a crecer por dentro. Aquello contagiaba de amor, de miedos, sí; pero igual de solidaridad, rebeldía, justicia, independencia.
Y uno se hacía dueño de las palabras, comprendía lo que cabe dentro de las sílabas que se reúnen para decir, por ejemplo, paz, Cuba, te quiero, libertad… Porque había cabida para la razón y los valores.
Ya no es lo mismo. Hoy repaso la biografía limpia de este hombre de poesía y música, sitiada por las imágenes y el discurso actual contra Cuba. Se me ocurre que el actuar carente de sentimientos legítimos de quienes se dicen luchadores por la libertad acaba en la barbarie; y al revés igual. Quiero gritar esto último, mas ellos lo saben.
Por eso prefiero redescubrir a Carlos Manuel de Céspedes en otros escenarios, en el mar o en las calles cubanas del siglo XXI, a donde cada amanecer salen hombres y mujeres para enfrentar intrusos y mercenarios, y a denunciar calumnias.