Líderes progresistas se reúnen en Barcelona en “Defensa de la Democracia”

Barcelona se convirtió este sábado 18 de abril en el centro de una amplia cita progresista internacional con la presencia de líderes de Europa, América Latina, África y el Caribe. La IV Reunión en Defensa de la Democracia reunió a una quincena de dirigentes y representantes de distintos partidos y gobiernos, en un encuentro que buscó articular una respuesta común frente al avance de la ultraderecha, el deterioro del orden multilateral y la presión política que encarna Donald Trump.

 

La cumbre esta vez fue encabezada por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que junto al mandatario de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva impulsaron este espacio desde 2024. Junto a ellos participaron, entre otros, Gustavo Petro, Jefe de Estado de Colombia; Claudia Sheinbaum, de México; Cyril Ramaphosa, de Sudáfrica; y Yamand Orsi, de Uruguay; además, Mia Mottley, primera ministra de Barbados; Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo; Gabriel Boric, exmamdatario de Chile; Stefan Löfven, líder del Partido Socialista Europeo; entre otros ministros y altos cargos de gobiernos progresistas.

 

 

Sánchez abrió el encuentro con un mensaje en el que advirtió que la respuesta de las fuerzas progresistas no podía ser solo defensiva, sino que debía proponer, liderar y fortalecer el sistema democrático. El también líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) alertó sobre los ataques al sistema multilateral, los intentos de impugnar las reglas del derecho internacional y la peligrosa normalización del uso de la fuerza, en una clara alusión al contexto internacional marcado por  Trump y la ultraderecha.

 

En esta propia línea, Lula endureció su discurso al denunciar que la extrema derecha se aprovecha de la frustración social y difunde mentiras sobre migrantes, mujeres y minorías. Igualmente, cuestionó el funcionamiento actual de la Organización de Naciones Unidas, a la que consideró incapaz de responder con eficacia a las crisis y los conflictos, y pidió una reforma profunda del organismo para que deje de permanecer en silencio ante lo que ocurre en el mundo.

Su homólogo de Sudáfrica, asimismo criticó que África, un continente con 1.400 millones de personas, no tenga representación permanente en el Consejo de Seguridad, como tampoco la tiene América Latina o «grandes países como India». Con respecto a la reestructuración de Naciones Unidas, además, incluyó una propuesta defendida por Sánchez y Boric: que la ONU sea dirigida por primera vez por una mujer cuando concluya este 2026 el mandato de António Guterres.

Paralelamente, Claudia Sheinbaum sumó  una propuesta ambiental concreta: destinar el 10 por ciento del gasto mundial en armamento a un programa global de reforestación. Sheinbaum también destacó que México será la próxima sede de la cumbre en 2027, una decisión que otorgó un cierre político de continuidad al foro de Barcelona. Su presencia tuvo un valor adicional, resaltada por medios de prensa españoles, además de tratarse de su primera visita a Europa desde que asumió la presidencia, su presencia fue percibida como un acercamiento diplomático con España. Esto, luego de algunos años de tensiones bilaterales, debido a las peticiones de reparación histórica a los pueblos indígenas por la colonización española, por parte de su antecesor Andrés Manuel López Obrador.

Arremetida contra Trump

Aunque el inquilino jefe de la Casa Blanca no fue repetido de forma constante, su figura estuvo presente en casi toda la cumbre, como símbolo del giro autoritario que los asistentes intentan confrontar. El anfitrión español habló de una peligrosa normalización del uso de la fuerza y de la necesidad de combatir una ola reaccionaria que amenaza la democracia desde dentro y desde fuera. Mientras, el mandatario brasileño fue más explícito al criticar las decisiones unilaterales de los grandes poderes y rechazar que un presidente, por poderoso que sea, imponga reglas al resto del mundo.

Al respecto, el senador demócrata Chris Murphy agradeció a Sánchez haber mostrado cómo enfrentar a los “matones”, y fue aún más lejos al calificar al magnate republicano como la mayor amenaza a la democracia de Estados Unidos desde la guerra civil. También el ministro español Félix Bolaños alertó sobre la alianza entre derecha, ultraderecha, tecnooligarcas y grandes plataformas digitales, a las que acusó de acumular poder sin control.

 

Por su parte, Gustavo Petro advirtió que la cumbre no era “anti-Trump”, sino una alternativa política “por, no contra”, en medio de la confusión y el desorden global. Ante esta idea, el foro buscó proyectar una respuesta común basada en el multilateralismo, la justicia social y la defensa de la paz frente a la lógica de bloques y las amenazas militares.

 

Cuba en el debate

Uno de los momentos relevantes para Cuba en este encuentro progresista fue su mención directa, introducida por la presidenta mexicana,  quien propuso una declaración en contra de cualquier intervención militar en la Mayor de las Antillas. Sheinbaum defendió que el diálogo y la paz deben prevalecer, y recordó que su país ha sostenido históricamente el rechazo al bloqueo contra la Isla desde 1962, cuando otros gobiernos guardaron silencio. En su discurso subrayó que ningún pueblo es pequeño cuando defiende su soberanía y el derecho a la vida plena, y situó ese principio dentro de la política exterior mexicana, basada en la autodeterminación de los pueblos, la no intervención y la solución pacífica de controversias.

Esta intervención reforzó la idea de que la defensa de la democracia también pasa por respetar la soberanía nacional. Un reclamo al que se unió también Lula, quien exigió el fin del bloqueo, al que describió como una medida que no puede ser ignorada por la comunidad internacional. El presidente brasileño sostuvo que los problemas de Cuba deben ser resueltos por los cubanos y no por líderes extranjeros, en una referencia directa a la necesidad de respetar la autonomía de los pueblos.

Está cuarta cita en defensa de la democracia, donde más dirigentes mundiales han asistido, dejó la imagen de un bloque progresista transcontinental que intenta ganar peso político frente al avance de la ultraderecha y el deterioro del orden internacional. Entre reclamos de reforma para la ONU, críticas a Trump, defensa del multilateralismo y un llamado al respecto de autodeterminación de los pueblos, la cumbre buscó proyectar una agenda común de democracia, paz y justicia social.

 

 

 

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