Y mientras toca, las cuerdas vibran y el viento esparce la melodía. No hay ejército que detenga una nota bien puesta. No hay bomba que borre un acorde que ya recorrió el mundo.
Sucede que la memoria es, también, ser fieles a lo que fuimos ayer. Y a los que se fueron. Por eso lloro no solo a Ernesto, sino al Pasteur de Teherán: porque en sus paredes masacradas quedó también un pedazo de nuestra resistencia, de aquel abril en que el oxígeno no alcanzó, pero la ciencia y la solidaridad, por un tiempo, sí.
Sin combustible, la vida se detiene. Lo saben los enemigos, pero también lo saben los amigos. Por eso, mientras algunos escriben sentencias con tinta de indiferencia, otros se juegan el pellejo en el mar. Rompen el cerco. Surcan el odio. Y llegan. Siempre llegan.
Órganos de la Seguridad del Estado: 67 años de leyendas
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No han cambiado mucho las cosas desde aquellos primeros días: Cuba aún es codiciada, el enemigo es el mismo, y los miembros de los Órganos de la Seguridad del Estado continúan activos.
Mella está más allá de los libros. Está en los que por estos días hacen patria. Está en los que mantienen esta isla libre del imperialismo que tanto combatió. Está en la coherencia de aquellos que, como él, eligen la dignidad aunque cueste la vida.