Las palabras se unen de manera estrecha a la existencia, son vida, tiempo, luz y oscuridad. Hay algunas que poseen una especie de carga positiva o negativa, como los iones. Sin embargo, otras como «opción», «nuevo», «original» y «libertad», transmiten solo un peso positivo.
Mencioné varios términos, como ejemplo de expresiones que mueven de modo favorable los estados de ánimo. Pero propongo detenernos en una de ellas, no porque esté de moda en el debate actual, sino porque me gusta, y no solo por eso.
Usted pudiera coincidir conmigo en que hoy, como nunca antes, la palabra «libertad» es traída y llevada como el volante en un juego de bádminton, y en el temor de que en ese vaivén tremendo pudieran caer al vacío las siete letras del vocablo que se refiere a nuestra inclinación natural por obrar de una manera u otra, sin ser esclavos de nadie.
En estos días se repite en disímiles escenarios. La pronuncian miles de voces, puede ser leída en cualquier contexto, en líneas movidas muchas veces por negrísimas pasiones.
De tal manera, se dice que Cuba está a las puertas de la «libertad» porque el pueblo pasa ahora más tiempo a oscuras, tiene más cocinas apagadas, acaso arde un poco de leña. Ambulancias paralizadas, cirugías pospuestas, medicamentos encarecidos, inseguridad alimentaria con impactos desproporcionados en niños, ancianos y enfermos crónicos.
Y más limitaciones que socavan el normal funcionamiento del transporte, las escuelas y los centros productivos y de servicios. Es la factura de casi siete décadas de odio y del último golpe bajo del imperialismo: un bloqueo naval petrolero que deviene tiro de gracia.
Murmuran que «es ahora o nunca», como buitres. Azuzan por todos los flancos de la geografía y las conciencias. Incitan a la rebelión; hay que emplazar un gran palenque y sacar al Gobierno para poner otro que garantice el despojo total: quitarnos el aire, el agua y el sol; lo que tenemos.

Los ideales de libertad tienen una dimensión universal; la palabra por sí sola sugiere buena vibra y carga positiva, como ya dije. Sin embargo, esta campaña contra Cuba la trastoca, le roba esencia y aún cuando se vuelve odio en todas sus versiones y agravio digno de ignorar, la propone como salvación.
¿Libertad dicen?, sí. Pero suena falso, hueco, espectáculo rentable. Hasta de piscina libre de agua o de café libre de cafeína pudieran estar hablando. Al menos así es para mí, que en esta hora difícil siento más corazones que arenas en mi pecho.
*Foto de portada: Ismael Francisco.






