Mayores en la mira: vejez y resistencia familiar

El Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez cobra especial relevancia en Cuba, donde más del 25% de la población supera los 60 años, lo cual convierte a la nación en la más envejecida de América Latina y el Caribe.

En estas jornadas es válido hacer un alto y reflexionar en torno a las consecuencias de esta realidad derivada de la baja fecundidad, la alta esperanza de vida y la emigración de jóvenes en edad reproductiva, según expertos del Centro de Estudios Demográficos.

Cuidar a un adulto mayor, ese acto de amor y lealtad inherente al ser humano, es una proeza diaria que lideran las familias en el país.

Ante la intensificación del bloqueo económico de Estados Unidos y las medidas de asfixia que obstaculizan la llegada de combustible, fármacos y equipos médicos, la red familiar se convierte, más que nunca antes, en el bastión para defender el bienestar de sus mayores.

Resulta un gran desafío, no es secreto para nadie. La crisis energética agrava un cuadro ya delicado. La falta de electricidad sostenida impide el uso de ventiladores, equipos de oxígeno y neveras para conservar medicinas y alimentos. En medio de un clima tropical extremo, hay una población entera que sufre, con marcada incidencia en el grupo etario más susceptible a padecer hipertensión, diabetes, problemas renales, insuficiencia cardíaca, y un sinfín de enfermedades cuya medicación cada vez está más limitada.

De modo que la vulnerabilidad roza la emergencia: en hogares y hospitales los cuidadores acuden a inventivas y a esfuerzos inimaginables, así como asumen el desgaste físico de velar sin tregua por sus viejos. Con dedicación y paciencia, por lo general.

«Por lo general», repito, porque existe una minoría que no actúa del mismo modo. Uno se da cuenta cuando pasa y los ve, escucha y lee historias de abandono y desdén hacia los mayores, impedidos algunas veces hasta de la movilidad.

Esto último no debiera suceder con quienes nos dieron la vida. Y cuando digo «la vida» incluyo todos sus desvelos y cuidados hacia nosotros, hasta que fuimos independientes, y aun después de serlo.

Obvio que es difícil ser una persona de mediana edad y postergar la vida laboral y personal en pos de atender a un familiar longevo; se comprende que ello, en las actuales circunstancias, excede lo emocional e involucra lo económico y, también, lo político. Por tanto, estamos hablando de un reto mayor; pero no imposible de asumir.

Por eso este llamado. A quien no lo ha hecho le aseguro que falta una mirada suya más responsable hacia los ancianos de casa o de sangre. Ocúpese: se trata de un acto de justicia, recíproco, humano.

A veces es necesario desdoblarse y dar un poco más. De paso damos el ejemplo a los hijos, pensando en que el tiempo no se detiene, y en el futuro, si no ocurre algo peor, necesitaremos de ellos.

Esto, a lo interno, en el entorno familiar. A lo externo, urge tratar la situación con perspectiva de derechos humanos: en Cuba una política de estrangulamiento convierte a los ancianos y a sus familias en rehenes de una crisis que debe terminar.

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