La noche del miércoles 29 de abril comenzó el secuestro de alrededor de 175 activistas por parte del estado genocida de Israel, en un nuevo acto de piratería moderna contra una misión humanitaria que navegaba por aguas internacionales.
Estas personas se encontraban a bordo de embarcaciones de la flotilla Global Sumud, las cuales fueron interceptadas de madrugada en aguas internacionales al sur de Grecia, a aproximadamente mil kilómetros de las costas de la Franja de Gaza e Israel, violando de manera flagrante el derecho internacional marítimo.
El gobierno israelí ha vuelto a comunicar con la soberbia e impunidad que le otorga la complicidad de la Unión Europea y Estados Unidos, intentando criminalizar a las personas que denuncian el genocidio que desde hace años sufre el pueblo palestino.
“Aproximadamente 175 activistas procedentes de más de 20 embarcaciones de la flotilla de preservativos se dirigen ahora tranquilamente a Israel”, ha dicho el Ministerio de Exteriores israelí en un mensaje en redes sociales, horas después de afirmar que a bordo de una de las embarcaciones asaltadas había “condones y droga”, un intento burdo de desprestigiar la noble causa de los solidarios.
Por su parte, la flotilla Global Sumud ha subrayado que “se calcula que hay una treintena de personas con pasaporte español secuestradas por Israel”, al tiempo que ha precisado que los barcos que no han sido abordados “están en aguas griegas o dirigiéndose a ellas”, en medio de la tensa situación creada por el ataque israelí.
“Recordamos que el contacto y posterior abordaje israelí con los barcos de la flotilla se produjo a más de mil kilómetros de la costa de Gaza”, ha manifestado la organización, dejando claro el carácter ilegal y provocador de la acción ejecutada por Tel Aviv.
La propia flotilla había subrayado poco antes que las tropas israelíes que abordaron decenas de sus embarcaciones en el mar Mediterráneo habían “inutilizado sus motores” y dejado a sus tripulaciones atrapadas “ante la proximidad de una tormenta masiva”, lo que ha descrito como “una trampa mortal”, poniendo en serio riesgo la vida de los cooperantes.