Crisis crónica a dos meses de las urnas: Perú destituye a su séptimo presidente en una década

El Congreso de Perú volvió a hacer historia, pero por su inestabilidad política. Como un déjà vu, añadió otro capítulo a su larga saga de presidentes destituidos. El 17 de febrero, a menos de dos meses de las elecciones generales, el Parlamento destituyó al presidente interino, José Jerí, apenas cuatro meses después de su llegada al cargo. Por 24 horas la nación sudamericana se quedó sin jefe de Estado.

En diez años Perú ha tenido ocho mandatarios. Desde que Ollanta Humala terminó su periodo en 2016, ninguno de sus sucesores ha logrado completar el mandato constitucional de cinco años. Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jerí y ahora su reemplazo, José María Balcázar, forman la radiografía de una década marcada por vacancias, renuncias forzadas, protestas y un Congreso que se ha convertido en árbitro, juez y verdugo del Ejecutivo.

Un presidente interino cercado por escándalos

La caída de José Jerí no fue súbita, sino el desenlace de semanas de desgaste mediático y político. La moción de censura se aprobó con 75 votos a favor, 24 en contra y tres abstenciones, tras un pleno extraordinario convocado en receso parlamentario. Jerí, que había llegado a la Presidencia interina como titular del Congreso tras la vacancia de Dina Boluarte, por “incapacidad moral permanente” en medio de la crisis de seguridad, enfrentó hasta siete mociones de censura. Las acusaciones incluían presunto tráfico de influencias, reuniones clandestinas con el empresario chino Zhihua Yang —en el llamado “Chifagate”— e irregularidades en la designación de funcionarias jóvenes que lo habrían visitado previamente en el Palacio de Gobierno, para luego ocupar cargos bien remunerados en el Estado.
En entrevistas recientes, Jerí reconoció que se reunió de forma “inadecuada” con Zhihua Yang, de noche y encapuchado, fuera del Palacio, pero negó las versiones más graves y calificó parte de las acusaciones como misóginas y como “cortina de humo”.
Sin embargo, el partido ultraconservador Renovación Popular, que inicialmente lo había respaldado, se deslindó de Jerí y explicó públicamente por qué votaba a favor de su censura: abuso de su posición en el Palacio para llevar mujeres y luego nombrarlas en puestos estatales, cuestionamientos a su gestión de la seguridad ciudadana y la sombra de una fiesta privada, en 2024, asociada a una trama de prostitución y al asesinato de una asesora del Congreso.
Por su parte, la última encuesta de Ipsos reveló que la aprobación de Jerí bajó estrepitosamente debido a los escándalos.

Quién es José María Balcázar, el nuevo presidente encargado

 

Tras la censura, se activó, una vez más, el mecanismo de sucesión previsto en la Constitución. Este proceso prevé que el Congreso elija a una nueva Mesa Directiva y, con ella, a un nuevo presidente del Parlamento que, de forma automática, asume la jefatura del Estado. En una votación cruzada por negociaciones de último minuto y cálculos de gobernabilidad, el elegido fue el congresista José María Balcázar, de 83 años.

Balcázar, exmagistrado y exmiembro de la Corte Suprema, llegó al Congreso en 2021 por el partido Perú Libre, el mismo que llevó al poder a Pedro Castillo, y fue uno de sus partidarios visibles. No obstante, su elección como mandatario encargado no ha estado exenta de polémica. En 2011 fue apartado de la judicatura por no cumplir requisitos del cargo y, posteriormente, expulsado del Colegio de Abogados de Lambayeque por presunta apropiación de fondos. Además, arrastra declaraciones que han generado repudio nacional e internacional. En 2023, durante el debate de una ley para prohibir el matrimonio infantil, Balcázar defendió las relaciones sexuales tempranas y el matrimonio desde los 14 años, afirmando que “no son perjudiciales” y que “ayudan al futuro psicológico de la mujer”. También llegó a sugerir que no veía problema en relaciones entre profesores y alumnas adolescentes. Estas afirmaciones fueron duramente condenadas por el Ministerio de la Mujer y organizaciones de derechos humanos, que las calificaron como normalización de la violencia sexual.

Aun así, su candidatura fue considerada “menos polarizante” que la de otras figuras como María del Carmen Alva, expresidenta del Congreso, con historial de episodios racistas y agresiones verbales y físicas dentro del hemiciclo, lo que generaba fuertes resistencias en varias bancadas. En un Congreso hiperfragmentado sin mayorías sólidas, muchos legisladores optaron por Balcázar como un mal menor capaz de sumar votos y reducir rechazos. Balcázar gobernará, en teoría, hasta el 28 de julio de 2026, cuando debería entregar la banda presidencial al ganador de las elecciones generales de este año. Pero en un país donde la presidencia se ha vuelto una pelota de pimpón, nadie descarta un próximo cambio.

 

Ocho presidentes: una década de inestabilidad estructural

 

La salida de Jerí consolida un patrón que ya no puede explicarse únicamente por los errores individuales de cada mandatario. Su destitución marca la séptima designación presidencial en nueve años, pese a que la Constitución establece elecciones generales cada quinquenio. Fernando Tuesta Soldevilla, politólogo de la Pontificia Universidad Católica del Perú, ha señalado que el problema es sistémico: un diseño institucional que incentiva el choque entre un Congreso fragmentado y un Ejecutivo débil, el uso discrecional de figuras como la vacancia y la censura, partidos sin arraigo ni disciplina interna y una élite política atravesada por la lógica del corto plazo.

El Congreso peruano opera hoy sin mayorías claras. Cada votación se negocia “voto a voto”, y las alianzas son cambiantes. En ese contexto, la presidencia del país depende menos de la voluntad ciudadana y más de equilibrios internos en un Legislativo muy cuestionado por la ciudadanía. Las mismas bancadas que llevaron a Jerí a la jefatura del Estado fueron las que, meses después, impulsaron y aprobaron su censura. Renovación Popular, Fuerza Popular y otros bloques de derecha y ultraderecha jugaron un papel central tanto en su ascenso como en su caída, en función de escándalos, encuestas y cálculos preelectorales. La elección de Balcázar también reflejó ese juego. María del Carmen Alva partía como favorita, pero su historial generó anticuerpos suficientes como para que parte de la derecha y el centro buscaran otro nombre.

Elecciones en abril: 36 candidatos, ningún favorito claro

 

En medio de este “terremoto” institucional, Perú se prepara para unas elecciones generales marcadas por la dispersión. El 12 de abril se celebrará la primera vuelta, con 36 candidatos presidenciales inscritos, además de comicios para 60 senadores, 130 diputados y cinco representantes al Parlamento Andino. Si nadie supera el 50 % de los votos, habrá balotaje el 7 de junio.

La Encuesta Nacional de enero de 2026, elaborada por IMASOLU S. A. C. y registrada ante el Jurado Nacional de Elecciones con el N.º 000482-REE/JNE, revela un escenario fragmentado, con niveles altos de indecisión y marcadas diferencias entre Lima y el interior del país. El estudio —que recoge información sobre intención de voto 2026, percepción ciudadana en temas clave y nivel de conocimiento del proceso electoral— coloca al ultraderechista Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima y candidato de Renovación Popular, a la cabeza de la intención de voto, con apenas el 13.58 %, seguido por Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, con alrededor del 8.92 %; pero ambos son figuras polémicas: López Aliaga por su agenda ultraconservadora y Fujimori por su herencia política ligada al régimen de su padre, Alberto Fujimori, y por procesos judiciales por corrupción. Otros nombres como Carlos Álvarez (País Para Todos), Mario Vizcarra (Perú Primero), César Acuña (Alianza para el Progreso) y Alfonso López-Chau (Ahora Nación) rondan el 4 %, mientras el resto de los aspirantes se mueve en porcentajes marginales.

El escenario anticipa una segunda vuelta sin un favorito claro y con una ciudadanía cansada de promesas incumplidas y cambios constantes en la cúspide del poder. El panorama actual combina instituciones débiles, partidos fragmentados, uso estratégico de mecanismos de control parlamentario y una cultura política donde la salida de un presidente se ha normalizado como herramienta de disputa.

Mientras los congresistas debaten y rotan presidentes, la ciudadanía enfrenta una grave crisis de seguridad, un plan nacional de seguridad ciudadana postergado varias veces y escándalos que vinculan sectores policiales con bandas criminales.

Perú se encamina a elegir a su próximo presidente con una pregunta de fondo, que parece responderse por sí misma: ¿basta con votar, cada cinco años, en un contexto donde el sistema político es incapaz de garantizar que un mandato se cumpla de principio a fin?

 

 

 

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