Vidas

Comenzamos otra vez: sucede que la vida empieza muchas veces.

Mi primera vida inició en el amanecer de un noviembre marcado por el conflicto del mes precedente, una crisis que nunca pudimos desligar de octubre ni de los misiles. Y en varias ocasiones posteriores volví a abrir los ojos.

La más reciente es la que mejor recuerdo: otro penúltimo mes asomó entre el mar y el cielo; yo lo vi a través de los ventanales del piso 22 de un hospital donde un grupo de ángeles —¡qué médicos tiene Cuba!— me trajo al mundo en 2026.

Volver a nacer no significa que uno tenga que aprenderlo todo de cero, como la primera vez, porque casi siempre conserva la memoria de lo ya conocido.

No hay olvidos: por la mente pasan la familia, los amigos, este país mío —nuestro—, en la finísima línea que lo separa del abismo, y la certeza de que hay que buscar motivos para la esperanza, aunque las noticias que llegan del panorama internacional siguen sin ayuda humanitaria, está presente la violencia, y cuando se habla de treguas y de paz aparecen como vigilantes los mismos que desatan genocidios.

Entonces pienso en las niñas que vi hace algún tiempo y que se parecían a la que fui un día. Eran la primavera menuda de los portales, las risas en las que se antojaba quedarse la luz de la mañana, la música que florecía en las aceras cuando la tarde se ponía dorada.

Por ellas, por cada cosa que amo en esta tierra pobre y brava, en este noviembre agradezco haber podido comenzar de nuevo.

Informaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Cartelera de hoy

Más vistos