En el centésimo sexto aniversario del nacimiento de Celia Sánchez Manduley, el miembro del Buró Político y primer ministro de la República de Cuba, Manuel Marrero Cruz, rememoró este sábado la huella indeleble de quien fuera calificada como protagonista indispensable de la lucha contra la tiranía en las montañas y en los llanos, así como gestora de numerosas obras sociales tras el advenimiento de la Revolución en 1959.
A través de su cuenta en la red social X, el jefe de Gobierno expresó un sentido mensaje de admiración hacia la heroína, subrayando aquellas virtudes que la convirtieron en una figura paradigmática de la historia cubana.
“Cuando hablamos de Celia siempre trascienden su profunda sensibilidad y humanismo, su preocupación por todos, su lealtad a Fidel y su entrega absoluta a la Revolución”, escribió el primer ministro, en una publicación que rápidamente concitó el respaldo de numerosos usuarios y seguidores de la vida política e histórica del país.
Con estas palabras, Marrero Cruz se sumó a los homenajes que cada 9 de mayo evocan a la mujer a quien el líder histórico Fidel Castro Ruz calificara como “la flor más autóctona de la Revolución”, un apelativo que resume su esencia de cubanía, modestia y valentía.
La vida de Celia Sánchez Manduley (1920-1980) estuvo marcada por su temprana incorporación al Movimiento 26 de Julio, donde desplegó una capacidad organizativa extraordinaria. Su labor más trascendental en la etapa insurreccional fue la creación de redes de colaboradores campesinos que resultaron vitales para garantizar la supervivencia de los expedicionarios del yate Granma, quienes tras el desembarco conformarían el núcleo fundador del Ejército Rebelde. Sin aquella paciente y arriesgada tarea de enlace y abastecimiento, la gesta libertadora habría enfrentado obstáculos quizás insuperables.
Una vez consolidado el triunfo revolucionario el 1.º de enero de 1959, Celia Sánchez asumió altas responsabilidades estatales, siempre desde un perfil bajo y laborioso. Entre sus legados más perdurables figura la creación y dirección de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, institución a la que dedicó ingentes esfuerzos para rescatar, conservar y difundir el patrimonio documental de la Revolución, con énfasis especial en el pensamiento y la obra de Fidel Castro.
Su obsesión por preservar la memoria histórica ha permitido que varias generaciones accedan a las fuentes primarias de la epopeya cubana.
Quienes la conocieron destacan, además, su escucha atenta y solidaria hacia las personas que acudían a ella con los más diversos problemas, así como su impulso a proyectos comunitarios y económicos de alta significación social, ejecutados siempre bajo la orientación directa del Comandante en Jefe. Su sensibilidad para captar las necesidades del pueblo y su capacidad para traducirlas en acciones concretas la convirtieron en una figura tutelar de la Revolución.
Pese al paso del tiempo, el ejemplo de Celia Sánchez Manduley continúa siendo una fuente de inspiración ética para los cuadros de la Revolución y para las nuevas generaciones de cubanos.
