La marcha del 26 de julio entonada en el mal llamado Presidio Modelo el 12 de octubre de 1954, en las narices del dictador Fulgencio Batista, constituyó no solo un acto de valentía de los jóvenes Moncadistas recluidos en la citada prisión, sino también una prueba de su determinación a defender la causa revolucionaria.






