Lo que las bombas no pueden destruir

Sucede que la memoria es, también, ser fieles a lo que fuimos ayer. Y a los que se fueron. Por eso lloro no solo a Ernesto, sino al Pasteur de Teherán: porque en sus paredes masacradas quedó también un pedazo de nuestra resistencia, de aquel abril en que el oxígeno no alcanzó, pero la ciencia y la solidaridad, por un tiempo, sí.