Unión Africana debate sobre el agua, conflictos regionales y reparación histórica en la cumbre de 2026

Entre el 14 y el 15 de febrero de 2026, los jefes de Estado y de Gobierno de los 55 países miembros de la Unión Africana se congregaron en Adís Abeba, Etiopía, para la 39.ª Cumbre Ordinaria de la Asamblea. El tema oficial fue “Garantizar la disponibilidad sostenible de agua y sistemas de saneamiento seguros para alcanzar los objetivos de la Agenda 2063”, adoptado como tema del año 2026 en el comunicado final.

Agua, clima y soberanía en la Agenda 2063

En el contexto africano actual, el agua es infraestructura, estabilidad, soberanía y supervivencia. El continente enfrenta sequías prolongadas en el Cuerno de África, estrés hídrico en amplias zonas del Sahel y presiones demográficas urbanas que tensionan sistemas sanitarios y productivos. 

De acuerdo con datos del Banco Africano de Desarrollo, las sequías prolongadas y el avance del desierto cuestan al continente unos 45 000 millones de dólares al año, mientras que solo en el Sahel se pierden cuatro millones de hectáreas de tierra fértil anuales. El organismo financiero también diagnosticó que los proyectos de riego y pozos sostenibles solo cubren alrededor del 10 % de las necesidades rurales, mientras las disputas por el agua ya dejan miles de muertos cada año.

Por tanto, la decisión de colocar el agua como eje de la agenda del 2026 expresa un radiografía estructural: sin seguridad hídrica no hay agricultura resiliente; sin agricultura no hay seguridad alimentaria, y sin seguridad alimentaria no hay estabilidad política.

El primer ministro etíope, Abiy Ahmed Ali, destacó la gestión del agua como base del desarrollo, al presentar la Gran Presa del Renacimiento Etíope como símbolo de la innovación africana. “La fuerza de África radica no solo en lo que extrae, sino en lo que diseña, construye y gestiona. El agua es más que un recurso. Es la base del desarrollo, la innovación y la estabilidad. Forma nuestras ciudades, nuestras granjas, nuestra salud y nuestro mundo”, declaró el líder etíope. Además, Abiy Ahmed advirtió que cada infraestructura que se gestione debe garantizar sostenibilidad, oportunidades y dignidad.

Por su parte, el presidente de la Comisión de la Unión Africana Mahmoud Ali Youssouf, instó a las naciones más contaminantes del mundo a apoyar los esfuerzos de adaptación climática de África. “Quienes contaminan tienen que pagar”, declaró Youssouf, recordando que África contribuye solo con alrededor del 4 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, pero sufre desproporcionadamente los desastres climáticos.

En este sentido, ejemplificó con los devastadores ciclones en Mozambique y el sur de Madagascar, las sequías en Zambia y Zimbabue, y las inundaciones en Somalia. De acuerdo con las cifras recogidas por el Programa Mundial de Alimentos, uno de cada tres africanos padece inseguridad alimentaria severa y la producción agrícola se ha reducido en torno a un 25 % en algunas regiones desde 2020 por la combinación de guerra, bloqueos logísticos y crisis climática.

Conflictos, desplazamientos y demanda de paz

Esta cumbre es el máximo foro de toma de decisiones del continente. Este año se desarrolló bajo tensiones que excedían el clima y se centró, además, en los desafíos para la paz y la seguridad. Actualmente, hay, al menos, 20 guerras activas en África —desde Sudán y la República Democrática del Congo, hasta el Sahel central— y entre 10 y 12 países al borde del conflicto, con un saldo acumulado de entre 7,7 y 8 millones de muertos desde el año 2000.

El Comité Internacional de la Cruz Roja ha advertido que más del 40 % de los conflictos armados del planeta se desarrollan hoy en suelo africano y que el número de guerras en el continente ha aumentado un 45 % desde el año 2020.

Ante este escenario, el secretario general de la ONU, António Guterres, en su discurso ante la Cumbre de la Unión Africana, afirmó: “No más explotación. No más saqueo. Los pueblos de África deben beneficiarse de sus recursos”. Asimismo, Guterres se refirió a los conflictos y tensiones en varios Estados miembros. Primeramente, mencionó a la República Democrática del Congo y llamó a cumplir los compromisos, empezando por un alto el fuego inmediato y el respeto de la integridad territorial del país.

Por su parte, en la República Centroafricana, deben consolidarse los avances políticos y de seguridad, dijo Guterres. Al mencionar a Libia subrayó que todos los actores deben impulsar un proceso político liderado por los propios ciudadanos, con el apoyo de la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas.

Con relación a África Occidental y el Sahel, el alto funcionario de Naciones Unidas señaló que la coordinación de esfuerzos es esencial para poner fin a los ciclos de violencia, terrorismo y desplazamiento. Igualmente, destacó que, en Somalia, la financiación sostenida y previsible de la Misión de Apoyo y Estabilización de la Unión Africana es vital. “En un mundo lleno de división y desconfianza, la Unión Africana es un referente del multilateralismo”, expresó Guterres, quien pidió por una representación africana permanente en el Consejo de Seguridad.

El telón de fondo de ese llamado es que, según datos compilados a partir de Uppsala Conflict Data Program (UCDP), Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED) y Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), África pierde cada año alrededor de 150 000 millones de dólares en conflictos armados, destrucción de infraestructura, caída de la producción agrícola y desvío de recursos hacia el gasto militar.

De acuerdo con la Unión Africana, la corrupción estructural suma otros 80 000 millones de dólares anuales en fugas de capital, sobornos y contratos opacos, mientras que el 60 % del oro africano y el 70 % del coltán salen sin tributación formal, alimentando economías de guerra y ejércitos privados. De esta forma, el continente no muere por falta de recursos, sino por exceso de intereses.

Reparación histórica y justicia global

En este contexto, el presidente de Ghana, John Mahama, se refirió a la resolución histórica que declara la trata transatlántica de esclavos, el colonialismo y el desplazamiento forzoso como crímenes contra la humanidad; una medida que tiene por objeto consolidar el reconocimiento de la injusticia histórica sufrida por los pueblos del continente y promover enfoques basados en la justicia, la equidad y la reparación.

En su intervención, Mahama añadió que la propuesta se presentará a la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el objetivo de promover reparaciones, disculpas formales y la devolución de los objetos africanos robados.

Ese reclamo se inscribe en una evaluación multifactorial donde es incuestionable que África pierde cada año por guerras, corrupción y saqueo una cantidad de recursos equivalente al presupuesto necesario para garantizar educación, salud y alimentación básica a toda su población durante una década.

Además, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados registra que más de 500 millones de africanos viven entre el desplazamiento, el hambre o la pobreza extrema. Por tales motivos, esta cumbre también aprobó una serie de resultados prácticos, entre los que se incluyen los siguientes: el llamamiento a acelerar la plena aplicación de la zona de libre comercio continental africana, el refuerzo de las reformas administrativas y financieras dentro de la Comisión de la Unión y la activación de mecanismos de autofinanciación más sostenibles para los programas de desarrollo, junto con la adopción de recomendaciones para reforzar la seguridad sanitaria y apoyar la preparación de los sistemas nacionales de salud en coordinación con el Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades.

El comunicado final expresó profunda preocupación por conflictos, terrorismo y extremismo violento, cambios inconstitucionales de Gobierno y crisis humanitarias, y reafirmó tolerancia cero frente a cambios inconstitucionales de Gobierno, así como el compromiso de “silenciar las armas” en África.

En paralelo, la propia Unión Africana enfrenta cuestionamientos de sectores juveniles que la perciben distante de las urgencias del continente. África es el más joven del planeta, si nos referimos a representación demográfica. La brecha entre liderazgo político tradicional y expectativas juveniles es un factor que se pedía no fuera ignorado en la cumbre.

De acuerdo con la Unión Africana de Telecomunicaciones, más de 220 millones de jóvenes africanos están conectados a Internet y participan en un ecosistema tecnológico que ya genera 180 000 millones de dólares anuales y más de 1,2 millones de empleos en startups. Es esa juventud digitalizada la que impulsa movimientos por la transparencia, la democracia y la rendición de cuentas, y la que reclama oportunidades concretas.

En todo el continente, unos 70 millones de niños no asisten a la escuela y en regiones rurales de Níger, Chad o Sudán del Sur, el 80 % de las niñas carece de acceso siquiera a la educación básica, según la Unesco. La “factura” de la guerra no solo se mide en muertos y desplazados, sino en generaciones que crecen sin escuela, sin servicios de salud y sin horizonte.

Respaldo a Cuba en lucha contra bloqueo de EE.  UU.

Durante la 39.ª Sesión Ordinaria de la Unión Africana se aprobó por 17.ª ocasión consecutiva una resolución que condena el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba. El documento incluye, por tercera vez, el llamado explícito del bloque africano a retirar a la nación caribeña de la unilateral e injustificada lista de países que patrocinan el terrorismo, subrayando el carácter arbitrario de dicha designación.

De acuerdo con la Embajada de Cuba en Etiopía, los líderes africanos expresaron su preocupación por el recrudecimiento de los efectos negativos del bloqueo de Washington, especialmente en el contexto actual, cuando La Habana aún enfrenta importantes desafíos económicos y sociales derivados de la pandemia de covid‑19. La resolución denuncia también el alcance extraterritorial de esta política, incluida la aplicación del Título III de la Ley Helms‑Burton. Asimismo, durante el encuentro se reafirmaron los profundos lazos históricos, políticos y de solidaridad que unen a los pueblos de África y Cuba.

Entre la guerra y la reconstrucción: el precio de la paz

El continente africano sigue siendo hoy escenario de una “economía de saqueo”. Según cifras recogidas por el Africa Center for Strategic Studies, el 60 % del oro africano y el 70 % del coltán salen del continente sin tributación formal, mientras las grandes compañías se benefician de contratos opacos que no financian sistemas de salud ni educación.

África —recuerda el informe— “no necesita caridad, necesita justicia económica, soberanía y educación”. Este territorio concentra el 65 % de las emergencias globales reconocidas por la ONU, pero recibe menos del 20 % de los fondos comprometidos.

La 39.ª Cumbre de la Unión Africana dejó un mensaje claro: el continente no aceptará por más tiempo que sus recursos, su estabilidad y su futuro sean tratados como moneda de cambio en agendas ajenas. Los líderes africanos trazaron una hoja de ruta que apunta a una reivindicación de la soberanía del continente.

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