¿Inocente siniestro en El Líbano?

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Polvo, escombros y ruinas: así amaneció Beirut el 5 de agosto de 2020 tras las explosiones que conmocionaron a la capital de El Líbano. Foto: Tomada de Internet

A veces las cosas parecen pero no son.

Quizás esta afirmación pudiera resultar superficial para algunos o falta de sensibilidad ante el dramático acontecimiento ocurrido en El Líbano, un pequeño país acunado por las aguas del Mar Mediterráneo, en un fondo marino con riquezas petroleras, minerales preciosos y huellas en su subsuelo de una historia y cultura milenarias.

Nadie podría estar indiferente ante la destrucción de edificaciones, hospitales, museos y hogares de familias enteras. Quizás nunca se llegue a conocer con exactitud cuántas personas perdieron sus bienes materiales y lo que nadie ha logrado recuperar: la vida humana.

En los últimos cincuenta años, El Líbano ha recibido -tanto en sus fronteras y en ciudades como Tiro, Nabatiye, Saida y Beirut- cañonazos y bombardeos de las más potentes armas por parte de Israel, el conquistador moderno de esta parte del mundo, y representante reconocido de Estados Unidos.

Cualquier pretexto ha sido siempre válido para azuzar un conflicto interno: la presencia de los palestinos, las divergencias religiosas, influencias de estados vecinos, amenazas a la seguridad de Tel Aviv y otras. La relación sería larga, además muy conocida.

Lo cierto es que a partir de la década del 70, el ejército israelí ocupó con sus tanques territorio fronterizo y llegó a la propia capital libanesa, en los años ochenta. De testigo están los bombardeos, destrucciones, los juguetes bombas –regalo especial para los niños- los corresponsales extranjeros, imágenes y fotos de la época.

Muerte y destrucción: resultado de los históricos juegos de poder para apropiarse de los recursos de El Líbano. Foto: Cortesía de la autora.

 

Sur libanés en Al Qantara ,destrucción por las bombas israelíes. Foto: Cortesía de la autora.
Sur libanés en Al Qantara. Destrucción por las bombas israelíes. Foto: Cortesía de la autora.
Juguetes con granadas explosivas lanzados en campamentos palestinos. Foto: Cortesía de la autora.
Juguetes con granadas lanzados en campamentos palestinos. Foto: Cortesía de la autora.

Acercarse al presente implica también ir al pasado. El Líbano ha sido poblado históricamente por diversas civilizaciones, desde fenicios, asirios, babilonios, persas, romanos, bizantinos, y por varias dinastías como la Omeya, Fatimí, el Imperio romano y el otomano hasta el siglo XX.

Merece atención la influencia inglesa y francesa en el siglo XIX y la significación del acuerdo Sykes-Picot de 1916, cuando el  Reino Unido y Francia se repartían los actuales territorios de Siria, El Líbano, Jordania, Iraq y Palestina.

Hoy día, las vulnerables fronteras y la existencia de un complejo sistema confesional condicionan la vida de los casi siete millones de libaneses desde el punto de vista religioso, político, social y económico, y se lanzan a las calles con diversas demandas. El acuerdo de  1943, bajo el manto de Francia, pretende un equilibrio –como en una cuerda floja- entre las distintas minorías religiosas con cuotas de poder muy arraigadas.

Manifestantes salen a las calles en Beirut, El Líbano. Foto: Telesur
Manifestantes salen a las calles en Beirut, El Líbano. Foto: Telesur
En los últimos días, las calles de Beirut han sido escenario de grandes protestas. Foto: Tomada de Internet

Los acontecimientos en este país van pasado siempre como en un guión de misterio, acción, violencia y dolor. Las dos explosiones en el puerto en Beirut no cambian la dramaturgia tradicional. Preguntémonos: ¿a quién le interesa y le conviene que El Líbano agudice sus contradicciones internas y se destruya para apoderarse de sus riquezas petroleras y otras, y de nuevo responsabilizar a los palestinos, a las fuerzas patrióticas y de izquierda? ¿Quién no sabe que El Líbano está en la lista negra de países árabes a destruir?

Destrucción en la ciudad de Beirut, tras las explosiones en El Líbano el 4 de agosto. Foto: PL
Destrucción en la ciudad de Beirut, tras las explosiones en El Líbano el 4 de agosto de 2020. Foto: PL

Es más, sea cual fuere la conclusión, existe ya un nuevo escenario en El Líbano y en la región. ¿Podría considerarse casualidad una explosión en el puerto por la permanencia allí por seis años de una determinada sustancia? La inocencia es hermosa pero en la época de las nuevas tecnologías ni los niños creen en ella. Yo tampoco.

¿Y usted?

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