24 septiembre, 2021

Publicaciones científicas desde la COVID-19: otra revolución del siglo XXI

Tras la detección del nuevo coronavirus, tanto estas publicaciones PrePrints como los nuevos sistemas de validación de contenidos resultan importantes recursos para divulgar los estudios y consultarlos más rápido, a pesar de los riesgos que conlleva la inmediatez. Pero ¿Por qué ha sido imprescindible agilizar los mecanismos para acceder al conocimiento científico? ¿De qué forma comunicar con exactitud el estado de las publicaciones?

Publicar los resultados de las investigaciones en revistas especializadas es una oportunidad para el intercambio de experiencias. Registros históricos con más de tres siglos demuestran que el trabajo científico visibilizado y la consulta de datos y fuentes confiables son fundamentales para el éxito de los estudios.

Las primeras revistas científicas (Journal des Savants y Philosophical Transactions) se originaron en los años 1600 de los debates entre los investigadores de París y Londres. En Cuba, por ejemplo, se fundó en 1864 la Revista Anales de la Academia de Ciencias. Varios análisis sobre enfermedades graves de la época se ubicaron entre los volúmenes más impactantes de esta publicación. Algunos como la prueba de que el mosquito Aedes Aegipty era el transmisor de la Fiebre Amarilla, escrito por Carlos J. Finlay, desmantelaron falsas teorías y provocaron nuevos enigmas.

Según el Historiador de la Ciencia en Cuba, Luis Enrique Ramos Guadalupe, el cuerpo académico tenía el objetivo de publicar en los Anales los resultados científicos, no para divulgar lo que se discutía dentro de la Academia de manera única; sino además utilizarlo como fuente de intercambio con otras instituciones, las que en reciprocidad enviaron a la Academia sus propias publicaciones.

Después de más de 150 años esta revista cubana vuelve a ser mencionada en varios escenarios por sus publicaciones sobre la COVID-19. Por qué el SARS-CoV-2 ha provocado manifestaciones neurológicas, cómo la inteligencia artificial ayuda a estudiar el comportamiento de la pandemia y cuál es el impacto de la enfermedad en personas con ataxia, son algunos de los artículos disponibles para el público en formato Preprint, o sea, el manuscrito original del autor antes de la revisión que realiza el Consejo Editorial de la revista.

Tras la detección del nuevo coronavirus, tanto estas publicaciones PrePrints como los nuevos sistemas de validación de contenidos resultan importantes recursos para divulgar los estudios y consultarlos más rápido, a pesar de los riesgos que conlleva la inmediatez. Pero ¿Por qué ha sido imprescindible agilizar los mecanismos para acceder al conocimiento científico? ¿De qué forma comunicar con exactitud el estado de las publicaciones?

Con la COVID-19 los procesos de revisión de artículos científicos transcurren con rapidez y es una prioridad compartir la información de manera inmediata. Sin embargo, la retirada de algunos estudios publicados en revistas médicas prestigiosas como The Lancet provocan cuestionamientos sobre el sistema de revisión por expertos conocido como peer review o revisión por pares.

Este proceso representa el primer filtro y la validación de los contenidos por los especialistas. Las críticas al método han existido siempre, pero en esta ocasión, por el impacto social de la pandemia, han traspasado la frontera de la comunidad científica para alcanzar la esfera pública a través de los medios de comunicación. Los propios investigadores destacan la importancia de velar por la calidad de los artículos y su solidez antes de la publicación.

El Jefe del Departamento de NanoBioformulación, del Centro de Estudios Avanzados, Dr.C Brian Mondeja, explica que sí es importante agilizar los procesos de revisión pero teniendo en cuenta la necesidad de compartir el conocimiento científico de la manera más rigurosa posible, porque si no, pueden aparecer problemas graves en el análisis de los procesos, sobre todo en el contexto de una pandemia. También es importante destacar que la ciencia vive llena de aciertos y desaciertos en el camino para llegar a la meta, por lo tanto es indispensable corregir los errores y que queden publicados como tal.

Muchos expertos aceptan las limitaciones del método y coinciden en comprobar de forma contínua los artículos publicados y corregirlos si fuera necesario aunque hayan sido revisados con anterioridad. Por otro lado, la integración de varias disciplinas, los cambios en las dinámicas editoriales y las nuevas herramientas digitales posibilitan mayores garantías sobre las publicaciones.

Servidores de prepublicaciones basados en cálculos computacionales para filtrar artículos (MedRxiv y BioRxiv) y buscadores terminológicos son algunas de las nuevas aplicaciones ante la sobrecarga de información que ha generado la pandemia. Estas permiten encontrar con mayor inmediatez, facilidad y posicionamiento los contenidos publicados.

Otro cambio notable con la COVID-19 es las alianzas entre científicos y periodistas. Aunque estrechar más las relaciones entre ambos campos todavía es un desafío, los medios de comunicación pueden comprender y reflejar mejor las dinámicas de la ciencia y aclarar los estados exactos de las publicaciones. Además, los investigadores comparten los resultados con la sociedad con mayor transparencia e inmediatez.

Como vemos, esta pandemia no solo ha revolucionado la capacidad de la ciencia en la búsqueda de tratamientos efectivos y vacunas. También el libre acceso a los artículos publicados ha sido una oportunidad para compartir el conocimiento, verificar y contrastar informaciones. Más allá de los formatos impresos de las antiguas revistas científicas, el ecosistema de Internet dejará nuevas pautas para las futuras generaciones sobre uno de los acontecimientos más notables en la historia del siglo XXI.

 

 

 

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