¿Pero quién dijo que todo está perdido?
Decimos Martí y no es necesario añadir alguna otra palabra. Ya sabemos que se está hablando de José Martí Pérez, ese habanero, cubano por nacimiento, hijo de españoles y un ser humano especialísimo del que todos quisiéramos haber sido contemporáneos.
Decimos Martí y no es necesario añadir alguna otra palabra. Ya sabemos que se está hablando de José Martí Pérez, ese habanero, cubano por nacimiento, hijo de españoles y un ser humano especialísimo del que todos quisiéramos haber sido contemporáneos. Nos referimos a él con familiaridad y cercanía como si el tiempo no hubiera transcurrido y tengamos frente a nosotros el aniversario 168 de su llegada al mundo, el 28 de enero de 1853.
Nacido en una cuna humilde, de padres venidos a Cuba por los efectos de la conquista española, pareciera prematuro su desarrollo intelectual, las acciones y pensamientos avanzados y altruistas. Quizás la clave esté en la capacidad innata de comprender desde temprana edad y en la cotidianidad, las consecuencias económicas, sociales y políticas de la colonización: la discriminación, la pobreza y la fuerza bruta de España, de la cual incluso fue víctima siendo aún un casi un niño.

Con solo 16 años sufrió presidio al ser encarcelado con un grillete en sus frágiles piernas. Comenzaría así una conciencia política que crecería con su obra por la independencia de Cuba y el apego alas acciones y al pensamiento independentista bolivariano.
Si tuviera que usar un solo adjetivo para calificarlo no dudaría en decir voluntad, demostrada en todas las actividades de su fructífera vida. Los periodistas de la actualidad–con las posibilidades tecnológicas de llevar con rapidez y eficiencia su mensaje cotidiano a su país y el mundo—pueden comprenderlo muy bien, en ese afán de multiplicarse y ofrecer a los diferentes públicos el mensaje veraz, oportuno e intencionado.
¿Y la realidad de Martí? Ahí está entonces la voluntad y la lección martiana de aquel hombre de apariencia frágil y con mirada ardiente, incansable escribano de día y de noche para numerosos e importantes periódicos, a la luz de una lámpara rudimentaria o de una vela.

Guiadas sus manos y dedos por esa pasión, dejó plasmadas también obras de teatro, artículos, reflexiones, cuentos, poesías e innumerables cuartillas que conforman volúmenes. Solo quien tiene muchas cosas para decir puede hacerlo así, como si el tiempo fuera insuficiente. Además, leía, estudiaba todo, cada idea era analizada y en cada frase la imagen y el calificativo adecuado. Tenía la posibilidad de llevarte al cielo y a la tierra a la vez. Nada le era ajeno. La Patria necesitaba de él, los demás patriotas, la familia, todo estaba lejos.
Deme Venezuela en que servirla: ella tiene en mí un hijo
Tiene Martí la grandeza de ser referente cada día si se trata de complejidades de la Patria, soberanía, independencia y humanidad.En medio de las dificultades y amarguras de la lucha por la libertad de Cuba, viajó desde Nueva York a Venezuela, en 1881, para beber de la sabia de Bolívar.

Martí había nacido 23 años después de la muerte del Libertador, un hombre de origen social totalmente diferente a Martí, pero con igual pasión puso su vida y fortuna al servicio de la independencia de su país y de América. Así lo plasmó cuando escribió:¨ aquel viajero, al llegar a Caracas, sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni donde se dormía sino cómo se iba a la estatua de Bolívar. Cuenta que el viajero lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca a un hijo (…) El viajero hizo bien, porque todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre. A Bolívar, y a todos los que pelearon como él porque la América fuese del hombre americano”.

Muy cerca de la Plaza donde se alza el imponente monumento a Simón Bolívar, vivió Martí algunos meses en Caracas. Allí sintió de cerca la presencia del Héroe y prosiguió su trabajo periodístico. Volvió a Nueva York con nuevas fuerzas para seguir su lucha a favor de Cuba, sin dejar de escribir un solo día.
La América necesitaba de ellos y los parió
Vale la pena añadir otros símiles…Si bien Bolívar dijo que¨ Estados Unidos parece destinado por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad¨, sesenta años después, en la Conferencia Panamericana, Martí arriba a la conclusión de que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia.¨
Desde Birán a la revolución latinoamericana
Y la historia continúa su marcha indetenible con muchas coincidencias. Treinta y un años después de la muerte de Martí, en Dos Ríos en 1895, y cerca de este lugar de la región oriental de Cuba, nacería en 1926, en Birán, Fidel Alejandro Castro Ruz, un hijo de descendientes españoles. Desde temprana edad alza la bandera de Martí y comienza una lucha feroz, precisamente contra aquel monstruo que con fuerza se extendía sobre nuestra América, como dijera Martí, al percatarse de las pretensiones del naciente imperio norteamericano.
FIDEL EN LA MEMORIA
MARTI EN FIDEL#CanalCaribe A él debo en realidad mis sentimientos patrióticos y el concepto profundo de que Patria es HUMANIDAD. La audacia, la belleza, el valor y la ética de su pensamiento me ayudaron a convertirme en lo que creo soy: un revolucionario pic.twitter.com/GofZVBT0rO— Irma Cáceres (@IrmaCaceres13) January 27, 2021
Hay un entramado de ideas políticas entre la admiración que Martí sintió por Bolívar, que le menciona 138 veces a lo largo de los artículos y discursos, siempre para reconocerlo y admirarlo, revelan varios estudios. Imprescindible en esta sucesión de ideas ya en el siglo XX la profundización e interpretación por Fidel en el pensamiento de Martí y Bolívar.
Los jóvenes de la generación del centenario martiano en 1953, con Fidel al frente, encontraron en el Asalto al Cuartel Moncada la posibilidad de incorporarse a las filas de luchadores por la verdadera independencia de Cuba.
Con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, una síntesis de la acción bolivariana y el pensamiento martiano, comenzaría un ciclo aun en pleno desarrollo pero extendido con una nueva fuerza en el continente, una maravilla de la continuidad histórica del pensamiento revolucionario latinoamericano.

¿Pero quién dijo que todo está perdido?
En este siglo XXI, la presencia de Hugo Chávez Frías, quien se declaraba hijo de las ideas de Bolívar, demostró desde su primer viaje a Cuba la fuerza y sabía joven, cual vínculo natural de continuidad histórica. En su tierra natal su pueblo se bate en continuas y fructíferas batallas.

En los tiempos que corren, almonstruo imperial norteño se le hacen cada vez más profundas sus grietas. En América Latina, por el contrario, se afianzan y desarrollan escenarios donde se aferran en la conciencia las fuentes de las cuales bebieron yse nutrieron nuestros próceres por la independencia de nuestra América, Bolívar, Martí yFidel. Nada está perdido y hay mucho por ganar.
