Máximo Gómez Báez, El estratega por excelencia de la gesta mambisa
Un hombre imprescindible en la Historia de las luchas contra el dominio colonial español en Cuba es Máximo Gómez Báez. Sus hazañas en el campo de batalla y sus sobrados dotes de estratega militar le ganaron el epíteto de ¨El Generalísimo¨.
Un hombre imprescindible en la Historia de las luchas contra el dominio colonial español en Cuba es Máximo Gómez Báez. Sus hazañas en el campo de batalla y sus sobrados dotes de estratega militar le ganaron el epíteto de ¨El Generalísimo¨.
Un hombre imprescindible en las luchas contra la esclavitud y el dominio colonial español en Cuba es Máximo Gómez Báez. Sus hazañas en el campo de batalla y sus sobrados dotes de estratega militar le ganaron el epíteto de ¨El Generalísimo¨.
Nació en Baní, República Dominicana, el 18 de noviembre de 1836. A los 16 años se unió al ejército en la lucha contra las invasiones haitianas logrando obtener el grado de alférez. Luchó para las tropas anexionistas en la Guerra de Restauración Dominicana.
Tras la firma del acuerdo de ¨El Carmelo¨, en 1865 y que se expidiese el Decreto de las Cortes mediante el cual cesa la anexión de Santo Domingo a España, son evacuadas de República Dominicana las fuerzas realistas y con ellas oficiales de Reserva, entre los que se encontraba Máximo Gómez. Llega a Cuba a bordo del vapor Pizzarro, en compañía de familiares.
En 1866 logra su baja del ejército y se establece en el Ingenio Guanarrubí, jurisdicción de Bayamo, donde se dedica a las tareas agrícolas y de venta de madera. En enero de 1867 su amigo José Vázquez lo acerca a la conspiración por la independencia de Cuba y se integra al grupo de El Dátil, liderado por Eduardo Bertot Miniet.
Incorporación a la Gesta Mambisa
Se incorporó al ejercito mambí el 14 de octubre de 1868, sobradas fueron sus entregas a la causa independentista, y cuenta entre sus proezas con la dirección de la primera carga al machete, la que se convertiría en la más temible arma del ejército mambí.

Dada su experiencia militar, se confirió a Gómez el grado de general. Se casó en la manigua con la cubana Bernarda (Manana) Toro, quien lo acompañó durante la contienda. Se destacó por sus ataques sobre los cafetales de El Cobre, por su acción por liberar las dotaciones de esclavos y por su actividad ofensiva durante 1870. Fue segundo jefe de la División de Cuba, que abarcaba todo el sur oriental desde el golfo de Guacanayabo hasta Baracoa y Maisí, y sucedió en el mando a Donato Mármol a la muerte de este.
En 1871, después de haber asumido el mando de esa División, Máximo Gómez dirigió una de las más brillantes operaciones de aquella guerra: la invasión y campaña de Guantánamo, territorio hasta entonces dominado por los españoles. Esa fue la primera campaña exitosa de los patriotas tras el incendio de Bayamo y la feroz ofensiva española que desarticuló las fuerzas mambisas y las llevó a replegarse en los montes y serranías.
El 6 de enero de 1875 cruzó la Trocha de Júcaro a Morón con 300 hombres de caballería y 600 de infantería, con lo cuales penetró en Las Villas y marchó por las tierras azucareras de Cienfuegos, amenazando la rica región de Matanzas.
Pero su movimiento invasor se vio interrumpido por las divisiones surgidas dentro del campo mambí y la actitud reacia al envío de refuerzos que asumieron algunos jefes orientales. La oposición de algunos caudillos locales a los jefes de otras regiones le hizo devolver a algunos del oriente del país a su región de origen, y él mismo se vio precisado a resignar el mando de Las Villas, cuestionado también por no ser nativo de Cuba.
Salió de Cuba después de la paz que siguió al Pacto del Zanjón en 1878, convencido de que resultaba imposible sostenerse sobre las armas, por lo cual rehusó unirse a Antonio Maceo tras la Protesta de Baraguá.
Participación en la Guerra Necesaria
Firmó junto con Martí, el 25 de marzo de 1895, el Manifiesto de Montecristi, en el cual se exponían al mundo los propósitos de la revolución cubana.
Desembarcó en Cuba con Martí para dar inicio a la nueva contienda y asumió de inmediato la jefatura militar de la insurrección. Estuvo presente en la conferencia de la finca La Mejorana, 5 de abril de 1895, donde acordaron ambos, junto con Maceo, organizar el gobierno de la República en Armas. Dirigió el combate de Dos Ríos, acción en la cual el 19 de mayo Martí encontró la muerte, sin que Gómez pudiera rescatar su cadáver.
A mediados de 1896 libró en Camagüey la batalla de Saratoga, una de las más importantes de la guerra, y hacia finales de ese año planeó la campaña de La Reforma, consistente en atraer sobre sí a grandes fuerzas enemigas para entretenerlas y batirlas en un territorio de apenas diez leguas cuadradas en la región central del país.
Una vez finalizada la guerra se opuso a la contratación de un empréstito para la paga de los libertadores, con el fin de no endeudar a la república antes de su nacimiento, y aceptó un donativo del ejecutivo estadounidense. Ello provocó su destitución por la dirección civil de la revolución, agrupada en la Asamblea del Cerro, la cual se autodisolvió ante el rechazo popular a su decisión.
Gómez siempre mantuvo la postura de una Cuba plenamente libre e intentó movilizar la opinión y las fuerzas sociales cubanas para la consecución de la independencia absoluta. Rechazó la presidencia por no considerarse apto para su desempeño. Rodeado del respeto y del cariño del pueblo cubano, lo sorprendió la muerte en La Habana, el 17 de junio de 1905, cuando ejercía su influencia política contra la reelección presidencial de Tomás Estrada Palma.

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