El nuevo bloqueo petrolero y las amenazas arancelarias de Washington agravan la crisis económica en Cuba. El Gobierno de la mayor de las Antillas denuncia las maniobras de presión y falsos acercamientos, mientras desde diversos puntos del mundo expresan respaldo al derecho de la nación caribeña a decidir su destino sin injerencias.
Washington mantiene su libreto más antiguo contra la Revolución cubana: endurecer el bloqueo, pero ahora, además, se disfraza de mediador. En las últimas semanas, la Casa Blanca ha recrudecido su política de asfixia económica contra Cuba, al tiempo que promueve supuestos canales de negociación gestionados, según Donald Trump, por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio.
Trump repite que Cuba es una amenaza humanitaria, pero ¿quién es, realmente, la amenaza humanitaria? El que bloquea para que no entre ni la más mínima gota de combustible a un país o ese país que soporta agresiones, amenazas y tiene que buscar alternativas a base de resiliencia y creatividad…
Ante esta paradoja, desde La Habana se ha desmentido cualquier escenario de diálogo. “No existe ninguna mesa de negociación”, afirmó el vicecanciller cubano, Carlos Fernández de Cossío, quien denunció que el Gobierno de Estados Unidos actúa como un opresor que culpa al oprimido por resistir.
Las limitaciones de recursos, los desajustes macroeconómicos, las carencias financieras, los obstáculos tecnológicos y la falta de fuentes de energía de Cuba las provoca por diseño el gob de EEUU y se ufana de hacerlo. El colmo es que nos acusa de ser un Estado fallido.
— Carlos F. de Cossio (@CarlosFdeCossio) February 18, 2026
Desde 2019, explicó Cossío al diario La Jornada, Washington aplica una política de sanciones contra navieras, aseguradoras y puertos que comercian con el archipiélago, lo que complicó severamente la importación de combustible. Pero la más reciente medida, la orden ejecutiva del 29 de enero, amenazó con represalias económicas a cualquier país que suministre petróleo a Cuba. “El combustible hace falta para todo: electricidad, transporte, salud, alimentos, educación. Castigar su entrada es castigar la vida de un pueblo entero”, denunció el alto diplomático cubano, quien calificó el bloqueo energético como “una práctica de castigo colectivo de alcance global”.
Mientras tanto, congresistas anticubanos del sur de Florida, encabezados por Carlos Giménez, Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar, piden al presidente estadounidense eliminar licencias comerciales que permiten la entrada de medicamentos y alimentos a Cuba.
En una conferencia en Miami, la oposición cubanoamericana reunió a figuras como Rosa María Payá y Orlando Gutiérrez, quienes abogaron por “cortar toda fuente de financiamiento” hacia el Gobierno cubano, incluso al costo de agravar el sufrimiento civil. Desde un tono beligerante, compararon la política de máxima presión con “quimioterapia contra un cáncer”.
Lejos de una preocupación humanitaria, sus palabras coincidieron con los argumentos de Trump, quien describió a Cuba como una “amenaza humanitaria” y sostuvo, sin pruebas, que la Isla alberga “bases de espionaje chinas” y vínculos con el narcotráfico regional. Ambas afirmaciones, negadas en disímiles ocasiones por el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla.
La vieja retórica de los políticos de la Florida contrasta con la postura de América Latina y Europa. Desde México, la presidenta, Claudia Sheinbaum, calificó como “injustas e inhumanas” las sanciones de Washington y reiteró el derecho de Cuba a decidir su destino sin injerencias.
Además, en su conferencia matutina de este miércoles 18 de febrero, Sheinbaum anunció conversaciones preliminares para que México actúe como facilitador de un eventual diálogo entre ambos países, pero subrayó que “cualquier acercamiento debe darse en condiciones de igualdad y respeto a la soberanía”.
En esta misma línea, el Gobierno de España confirmó que ofrecerá un millón de euros en ayuda humanitaria —alimentos y productos sanitarios— a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional, luego de un intercambio personal entre el canciller cubano y su homólogo español, José Manuel Albares. La Cancillería de la nación ibérica detalló que los aportes se canalizarán mediante el sistema de Naciones Unidas para aliviar el impacto del cerco.
Fui recibido por el Canciller de #España @jmalbares durante mi paso por Madrid.
Reiteramos la voluntad de reforzar el diálogo político, económico-comercial y la cooperación en beneficio de ambos países, en el complicado contexto internacional actual, frente a los… pic.twitter.com/wvTXXkQXPz
— Bruno Rodríguez P (@BrunoRguezP) February 16, 2026
Rusia, por su parte, reafirmó su respaldo histórico a La Habana, luego de conversaciones del más alto nivel entre Rodríguez Parrilla y varios representantes del Kremlin; entre ellos su par, Serguéi Lavrov; el presidente, Vladimir Putin; su portavoz, Dimitriv Peskov; el vicepresidente de la Duma Estatal rusa, Iván Melnikov; y Dmitry Medvédev, vicepresidente del Consejo de Seguridad. Desde cada pronunciamiento se evidencia el apoyo histórico a Cuba, denunciaron la política estadounidense como “una violación del derecho internacional y una forma moderna de intervención imperial” y prometieron sostener el suministro energético a la nación “amiga”.
A nivel diplomático, Cuba resiste el intento de aislamiento con firmeza. El embajador Ernesto Soberón, representante permanente ante la ONU, denunció ante medios internacionales el bloqueo petrolero y las restricciones de movimiento impuestas a los diplomáticos cubanos en Nueva York. “No hay combustible, no hay vuelos, los costos de los alimentos se disparan, pero rendirse nunca ha estado en nuestro vocabulario”, declaró Soberón a Democracy Now, subrayando que el país enfrenta la crisis “con organización, solidaridad interna y dignidad”.
Mientras la ofensiva norteamericana busca quebrar la estabilidad económica y provocar descontento social, Cuba responde reforzando su tejido político e internacional. En palabras del viceministro de Relaciones Exteriores, Fernández de Cossío, el verdadero peligro no está en la Isla, sino en “la pretensión de Estados Unidos de decidir quién puede vivir, comerciar o desarrollarse”.
El bloqueo, señaló el diplomático, “no solo daña a los cubanos; es una amenaza a la soberanía de todos los países del mundo”. Estas palabras reflejan un un trasfondo más amplio, no es solo Cuba la que resiste, es toda América Latina; que enfrenta la vieja doctrina Monroe, que pretende someter al continente a la hegemonía de Estados Unidos y busca perpetuar la subordinación política y económica de las naciones latinoamericanas.