La desestabilización, vieja estrategia de los Estados Unidos

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La historia reciente de América Latina y el Caribe tiene ejemplos elocuentes del rol de Estados Unidos en la desestabilización de gobiernos progresistas.

A veces olvidamos todo lo que han hecho las sucesivas administraciones estadounidenses para colocar a la fuerza a regímenes entreguistas.

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Estados Unidos tiene un largo historial de intervenciones e injerencias en Latinoamérica y el Caribe, incluso hay quien bromea diciendo que donde único no van a dar un golpe de Estado en su propio país porque no tienen embajadas de ellos allí, pero hasta eso dudamos porque Donald Trump anda en negación total con los resultados de las elecciones e insiste ahora que el FBI y el Departamento de Justicia podrían haber estado «involucrados» en el proclamado «fraude» que a los cuatro vientos grita el mandatario.

Y les hablo de las estrategias estadounidenses de las últimas décadas porque mutaron, crearon otras, pero sin renunciar nunca a cambiar un gobierno progresista utilizando las fuerzas militares o cualquier otro método. Documentos desclasificados este propio mes, reafirman cómo el presidente Richard Nixon y su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, prepararon el golpe contra Salvador Allende en Chile en 1973.

Les propongo un salto a la historia reciente y recordar algunos momentos: Venezuela: 2002. Golpe militar contra Hugo Chávez, poco tiempo después golpe petrolero, guerra económica contra Nicolás Maduro, las guarimbas de 2014 y 2017, golpe parlamentario, intentos de magnicidio y otro intento de golpe militar en 2019, el robo de sus activos financieros en Estados Unidos, hablamos de miles de millones de dólares. Honduras: golpe militar contra Zelaya en 2009. Brasil: golpe parlamentario contra Dilma Rouseff en 2016. Judicialización de la política y prisión para Lula Da Silva e intentos contra Cristina Kirchner en Argentina con diversos procesos judiciales y acusaciones.

Ecuador: Procesos legales contra Rafael Correa, inhabilitación a partir de un juicio y persecución contra los principales dirigentes de la Revolución Ciudadana, incluido el vicepresidente Jorge Glass quien está preso. El actual presidente L. Moreno acuerda un paquetazo neoliberal, tutorado por el FMI, después del desmonte de numerosos planes sociales y la economía.

Bolivia: Golpe militar contra Evo Morales en 2019. Los principales generales implicados recibieron su pago y viven cobijados en Estados Unidos. Nicaragua 2018: Grupos violentos financiados desde el norte organizan protestas en toda la nación… Quizás tengamos que esperar cuatro décadas para obtener los documentos desclasificados, pero las denuncias internacionales que se han hecho, la ruta del dinero, el protagonismo de la CIA y la diplomacia norteamericana injerencista, son un denominador común en los ejemplos que les he mencionado.

Han puesto a los jóvenes como la punta de lanza, manipulado justas demandas, pretendido el apoyo de las fuerzas armadas, fortalecer a una oposición local, por ridícula y antidemocrática que sea, como el autoproclamado Juan Guaidó en Venezuela o Jeanine Áñez en Bolivia. Han mimetizado el discurso, haciendo que la derecha regional parezca más revolucionaria que las propias Revoluciones.

Ejemplos que no son distintivos de presidentes demócratas o republicanos. George Bush, Barack Obama y Donald Trump buscaron lo mismo: el rol hegemónico de Estados Unidos en su área de influencia, una región vista como su patio trasero desde más de dos siglos.

El único cambio ha sido la táctica: golpes abiertos y directos y cambio de regímenes a toda costa; golpes suaves, aplicación del llamado poder inteligente, la seducción, pero el mismo fin. Trump ha sido muy agresivo contra el pueblo cubano, lo demuestran las más de 200 medidas que recrudecieron el bloqueo en estos más de tres años de su administración, buscaron dividir a las familias cubanas, confrontar al sector privado con el gobierno, apretar hasta la asfixia, dejarnos sin comida, sin financiamientos, que no entrara ni un litro de petróleo.

Algunos de los acontecimientos de los últimos días en Cuba son fruto del apuro y el desespero de quienes se van de la Casa Blanca y el Departamento de Estado y quieren a toda costa, ensombrecer la realidad presente y futura, de un país al que no pudieron hacer naufragar. Ahora más que nunca, manténgase informado.

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