3 agosto, 2021

Justo Vega, el «Caballero de la Décima», vivió para cantarle a Cuba

La historia de la música campesina y del repentismo, no puede escribirse sin poner en un lugar cimero, el nombre de Justo Vega, el «Caballero de la Décima» en Cuba.

Justo Vega vivió para cantarle a Cuba.

Justo Vega vivió para cantarle a Cuba.

La historia de la música campesina y del repentismo en Cuba, no puede escribirse sin poner en un lugar cimero, el nombre de Justo Vega, el «Caballero de la Décima», que nació el 9 de agosto de 1909, en la provincia de Matanzas.

Más que un excepcional intérprete, Justo Vega se convirtió en el rey de controversias memorables, imposibles de olvidar para muchas generaciones de cubanos que durante años, vieron aparecer en las pantallas de la televisión, en programas de radio, actos políticos y fiestas campesinas.

Fue su relación con el pueblo, hasta en rincones inimaginados, lo que lo hizo conocido desde aquellos momentos en que aportó a la radio secciones populares y diversas, haciendo a la gente partícipe de sus promociones y programas.

Cuentan que inauguró hasta un espacio para el amor, con correo para que los oyentes dirigieran sus correspondencias a la emisora COCO, con lo cual muchos jóvenes se carteaban y llegaban a conocerse personalmente, a entenderse y a establecer lazos formales, como matrimonio.

Pero sin dudas, Justo Vega se alzó como artista y obrero a partir de 1959, en que comienza a combinar su participación en programas especializados en música campesina con sus tareas de obrero común.

Justo Vega y Adolfo Alfonso, maestros del repentismo cubano

Programas como Patria Guajira – donde se cantaban los logros del campesinado tras la Revolución naciente y se denunciaban acciones internas del imperialismo – y la posterior fundación de Palmas y Cañas, el estelar campesino de la Televisión Cubana, tuvieron a Justo Vega entre sus protagonistas y cantores principales por muchos años.

Simultaneó también estos espacios con disímiles tareas en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), el Consejo Nacional de Cultura, en los batallones de trabajo voluntario y las más diversas labores agrícolas, especialmente en las brigadas de corte de caña.

Sin poder desprenderse de su esencia guajira, recorrió América Latina y otras partes del mundo junto a su inseparable amigo y compañero de controversias Adolfo Alfonso, encantando a todos en los lugares en que se presentaban y sembrando en los más jóvenes una semilla imperecedera de amor por la música campesina y tradicional cubana y particularmente, por el repentismo.

Incontables momentos de alegría vivió Cuba escuchando a estos dos grandes lanzarse a largas y divertidas discusiones cantadas, que hicieron peculiar a este dúo.

Cuando cogían el micrófono se enfrentaban dos trenes, en un lenguaje que iba desde lo más culto hasta lo más popular, poniendo al público atento, expectante, haciendo reír para después terminar abrazados como uno solo.

Justo Vega decía sentirse dichoso, cuando podía extender la mano a las personas que lo rodeaban y cantarles de cerca. Por eso cooperativas, centros de trabajo, escuelas y los escenarios más variados disfrutaron su presencia y su arte para improvisar.

El 13 de enero de 1993, Justo Vega se despidió físicamente de su pueblo, con la misma tranquilidad y optimismo con que vivió para cantarle a la Patria, a la naturaleza, a la tierra, a las mujeres, a los amigos, a la décima y a la propia vida.

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