Juan Gelman y su relación con Cuba

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El poeta argentino Juan Gelman, amigo de la Revolución Cubana y una de las principales figuras de la literatura latinoamericana contemporánea, falleció el 14 de enero de 2014.

Maestro de un «oficio ardiente», de versos que hablan del amor, la muerte y el dolor, combinó la poesía con la militancia política y su defensa de los derechos humanos.

La dictadura militar iniciada en 1976 exilió a Juan Gelman por su participación en actividades de guerrilla, y retornó a Argentina en 1988 aunque se radicó en México. Foto: Luis Magán.

Varios hechos desgarradores marcaron su existencia cuando la dictadura le quitó un hijo y a su nuera embarazada, quienes pasaron a engrosar la lista de personas desaparecidas, durante la Operación Cóndor.

Sin embargo, el bardo nunca perdió la esperanza y casi 30 años después, logró recuperar a su nieta.

Juan Gelman besa a su nieta Macarena Gelman, en marzo del 2012. Foto: AFP.

Múltiples premios se honraron al reconocerlo: el Nacional de Poesía que recibió en 1997, el Juan Rulfo en 2000, el Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde en 2004, el Iberoamericano Pablo Neruda y el Reina Sofía en 2005, y el Cervantes en 2007.

Juan Gelman fotografiado con motivo de la presentación de la antología «Oficio ardiente», octubre de 2005. Foto: Cristóbal Manuel.

En los últimos años de su vida se convirtió en una de las voces más comprometidas con el periodismo y, desde ese ejercicio, manifestó su rechazo el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y abogó por la libertad de Los Cinco.

Durante 1964, 1978 y 1981, Casa de las Américas contó con presencia como jurado de poesía del Premio Literario.

Una foto suya de ese último año lo muestra –momentos antes de iniciar un recital de poesía– junto a sus compañeros de jurado: Fayad Jamís, José Emilio Pacheco y Antonio Cisneros.

En Casa de las Américas, Juan Gelman con las manos cruzadas sobre la mesa despejada, sonríe a la cámara. Foto: Cubadebate.

A Juan Gelman lo recordamos tanto por esa cercanía a la isla como por los versos que nos regaló, muchos de los cuales han estremecido a generaciones enteras de lectores.

Fidel

Soy Pueblo
dirán exactamente de Fidel
gran conductor el que incendió la historia etcétera
pero el pueblo lo llama el caballo y es cierto
Fidel montó sobre Fidel un día
se lanzó de cabeza contra el dolor
contra la muerte
pero más todavía contra el polvo del alma
la Historia parlará de sus hechos gloriosos
prefiero recordarlo en el rincón del día
en que miró su tierra y dijo soy la tierra
en que miró su pueblo y dijo soy el pueblo
y abolió sus dolores sus sombras sus olvidos
y solo contra el mundo levantó en una estaca
su propio corazón el único que tuvo
lo desplegó en el aire como una gran bandera
como un fuego encendido contra la noche oscura
como un golpe de amor en la cara del miedo
como un hombre que entra temblando en el amor
alzó su corazón lo agitaba en el aire
lo daba de comer de beber de encender
Fidel es un país
yo lo vi con oleajes de rostros en su rostro
la Historia arreglará sus cuentas allá ella
pero lo vi cuando subía gente por sus hubiéramos
buenas noches Historia agranda tus portones
entramos con Fidel con el caballo.

Límites

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.

Alza tus brazos…

Alza tus brazos,
ellos encierran a la noche,
desátala sobre mi sed,
tambor, tambor, mi fuego.

Que la noche nos cubra con una campana,
que suene suavemente a cada golpe del amor.

Entiérrame la sombra, lávame con ceniza,
cávame del dolor, límpiame el aire:
yo quiero amarte libre.

Tú destruyes el mundo para que esto suceda
tu comienzas el mundo para que esto suceda.

Epitafio

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.
¡Digo que el hombre debe serlo!
(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín).

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