Explosión del acorazado Maine, pretexto para una guerra imperialista

El Gobierno de Estados Unidos utilizó el suceso como pretexto para declarar la guerra a España e inmiscuirse en la contienda que Cuba libraba contra el régimen colonial.

El Gobierno de Estados Unidos utilizó el suceso como pretexto para declarar la guerra a España e inmiscuirse en la contienda que Cuba libraba contra el régimen colonial.

El Gobierno de Estados Unidos utilizó el suceso como pretexto para declarar la guerra a España e inmiscuirse en la contienda que Cuba libraba contra el régimen colonial.

El USS Maine fue un acorazado de la Armada de los Estados Unidos. Su voladura el 15 de febrero de 1898 en la bahía de La Habana, provocó la intervención del naciente imperio yanqui en la guerra que los mambises libraban de manera exitosa contra el decadente imperio español. Como resultado de la llamada Guerra Hispano-cubana-norteamericana, Estados Unidos se apoderó de las colonias que aún conservaba España: Cuba y Puerto Rico, en las Antillas; Filipinas y Guam, en Asia.

Marco histórico del suceso

Luego de iniciada la Guerra Necesaria (1895-1898), los mambises comandados por El Generalísimo Máximo Gómez Báez y El Lugarteniente General Antonio Maceo y Grajales protagonizaron La Invasión de Oriente a Occidente que culminó exitosamente a inicios de 1896.
La repercusión internacional de lo que algunos historiadores llaman ¨La Hazaña de la centuria¨ se hizo sentir en todo el mundo, lo que provocó que la causa libertaria de los cubanos ganara más simpatizantes.
A finales de febrero el Senado de los Estados Unidos aprueba el reconocimiento de la beligerancia cubana por solo 8 votos en contra, iniciativa que no fue aceptada por el entonces presidente Grover Cleveland, pues sería un reconocimiento al derecho de independencia de los cubanos.
El 23 de septiembre de 1897, el embajador de los Estados Unidos en Madrid dirige una nota al gobierno español dándole un plazo para que España formalice proposiciones que pusieron término a la guerra. El 25 de noviembre de 1897, por Real Decreto, España decidió implantar en Cuba y Puerto Rico la autonomía para complacer al gobierno yanqui, a la vez que continuaba con las acciones bélicas contra el Ejército Libertador, quien rechazó la maniobra autonómica y continuó la guerra.
En su mensaje al Congreso El 6 de diciembre de 1897, el nuevo presidente de Estados Unidos, William McKinley, negó la beligerancia a Cuba y presentó a los insurrectos utilizando los mismos métodos que el tristemente célebre Capitán General español Valeriano Weyler; mientras reconocía al gobierno colonial las medidas tomadas en la Isla y consideraba aguardar algún tiempo para apreciar sus efectos, a la vez que advertía:
¨Si posteriormente pareciera ser un deber impuesto por nuestras obligaciones con nosotros mismos, con la civilización y con la humanidad intervenir con la fuerza, sería sin falta de nuestra parte y solo porque la necesidad de tal acción será tan clara como para merecer el apoyo y la aprobación del mundo civilizado¨.
Estados Unidos, utilizando los canales diplomáticos, declaró a España a inicios de 1898 que continuarían con la política trazada por McKinley en el mensaje al Congreso. Se decidió además enviar al acorazado USS Maine en ¨visita amistosa¨ al puerto de La Habana.
El Maine partió desde Cayo Hueso, en la Florida, hacia la capital cubana, adonde llegó el 25 de enero de 1898. El 6 de febrero fondeó en Matanzas el crucero Montgomery. Según las declaraciones oficiales ambos navíos fondeaban en Cuba para proteger los intereses estadounidenses en la isla.

Explosión del Acorazado

El Maine era el mayor buque de guerra que jamás hubiera entrado en el puerto habanero. Su tripulación estaba compuesta por 26 oficiales y 328 marineros. A las 9:40 de la noche del martes 15 de febrero de 1898, una explosión sacudió al acorazado estadounidense fondeado en la rada habanera. De las 355 personas que componían la tripulación, 266 perdieron la vida como producto de la explosión, 8 de ellos, horas más tarde debido a las lesiones sufridas. De los supervivientes, 18 eran oficiales.

Consecuencias de la tragedia

Tras el hundimiento, la prensa estadounidense arreció su campaña antiespañola. Al responsabilizar a las autoridades de Madrid, los círculos políticos intensificaron sus demandas y presiones sobre el ejecutivo para que este se decidiera a intervenir en Cuba.
El New York Journal y el New York World, propiedad respectivamente de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, dieron cobertura al suceso distorsionando la información. Esta campaña contó con el apoyo de empresarios estadounidenses que habían invertido en Cuba y maquinaban como desalojar a España.

El New York Journal y el New York World, propiedad respectivamente de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, dieron cobertura al suceso distorsionando la información.
El New York Journal y el New York World, propiedad respectivamente de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, dieron cobertura al suceso distorsionando la información.

La Guerra entre un imperio naciente y otro en decadencia

El Gobierno de Estados Unidos utilizó el suceso como pretexto para declarar la guerra a España e inmiscuirse en la contienda que Cuba libraba contra el régimen colonial. En la comisión de relaciones exteriores del Senado se presentó un anteproyecto de resolución conjunta, en el cual se exigía la renuncia de España de su soberanía sobre Cuba y autorizaba al presidente McKinley a emplear la fuerza para cumplir los fines planteados.
El 19 de abril de 1898 el Congreso de Estados Unidos adoptó una resolución conjunta en la que se declaró que ¨el pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente¨.
La resolución final era engañosa, aunque fue recibida por los patriotas cubanos como un reconocimiento de la lucha y sus méritos, y así la recibió también el pueblo estadounidense. El 25 de abril de 1898 fue declarada oficialmente la guerra, aunque ya desde el 22 se había establecido un bloqueo naval.

Consecuencias de la estratagema imperial

Como resultado de la derrota de España, el 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de París, con el cual España perdió Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico, que fueron oficialmente entregadas a los EE.UU. por 20 millones de dólares.
El hundimiento del «Maine» cumplía así su función de servir de pretexto a la intervención y a la instauración de gobiernos cubanos que obedecían a las imposiciones de Washington, hasta la plena independencia de Cuba con el triunfo revolucionario del Primero de enero de 1959.

 

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