3 agosto, 2021

Eduardo Heras León, las enseñanzas de un cuentero inagotable

Entrevista a la periodista y escritora Darcy Borrero Batista, donde se brindan interioridades acerca su publicación Eduardo Heras: Los pasos, el fuego, la vida…, un homenaje a este sobresaliente intelectual cubano.

Portada del Libro Los pasos...

Eduardo Heras: Los pasos, el fuego, la vida…es una publicación que sobresale en esta próxima Feria del Libro en La Habana, dedicada a la vida y obra de este intelectual cubano. Refirió el propio Heras que esta investigación periodística realizada por Darcy Borrero Batista, como Tesis de Licenciatura de Periodismo, le pareció un « libro extraordinario´´. La autora, periodista de formación y además poeta y narradora, con varios premios nacionales e internacionales, ofrece al lector una visión objetiva de la vida del fundador del Centro de Creación Literaria Onelio Jorge Cardoso, a través de un mosaico de entrevistas a diversas personalidades de las letras cubanas, como Senel Paz, Abel Prieto, Francisco López Sacha y Cira Romero.

En esta publicación la autora desmonta con autenticidad y de manera objetiva la vida de Eduardo Heras León. Es un libro que recoge diferentes testimonios y cada uno de ellos relata de la voz de amigos, intelectuales y seres queridos la existencia del reconocido narrador. El propio Heras cuenta la historia de su vida, deconstruye también facetas de quien ha sido. Cada detalle que nos aporta la investigación teje la historia del cuentero; mezclada con la de la nación cubana y de la política cultural de la nación desde los años 40 hasta la actualidad. La autora concibe en su narración la unión de dos siglos y aporta al lector, las enseñanzas de un cuentero inagotable.

Darcy Borrero Batista, la autora de Eduardo Heras: Los pasos, el fuego, la vida, que tuvo su primera edición por Ediciones Samarcanda, España, 2018 y que la editorial Letras Cubanas de nuestro país, asume en esta ocasión, nos dio una exclusiva para Cuba TV sobre las interioridades de su publicación y la necesidad con la misma de honrar la vida y obra literaria de Eduardo Heras León.

Darcy Borrero Batista, autora de este libro sobre la vida de Eduardo Heras León, que se presentará próximamente en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

— ¿Por qué escogiste realizar tu tesis de graduación de Periodismo, ahora convertida en libro, sobre Eduardo Heras León?

—Eran días en que la Facultad de Comunicación empezaba a exigir a sus estudiantes de cuarto año la presentación del célebre y a veces angustioso “tema de tesis”. Eran, también, días en que yo cursaba el Taller de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y, sábado tras sábado, de 9am a 1pm, tenía delante a un maestro llamado Eduardo Heras León. Él contaba historias y a mí me parecía una fuente inagotable, un hombre al que contar no le era, jamás, ajeno. Por eso, uno de los espléndidos sábados en que compartía el aula con jóvenes escritores de diversas partes del país y los veía tan atentos como yo a las historias del Chino, me dije: “tengo delante mi tema de investigación y no lo había visto”. El Chino, ese profe enorme ante mis ojos, era mi tema de tesis.

Luego vino un acercamiento más profundo al “personaje”. Tuve que vencer mi timidez de entonces y hablarle de lo que quería hacer. Al principio él no estaba muy de acuerdo. Eso de que husmeen en nuestra vida casi nunca nos gusta, mucho menos cuando uno desconoce las intenciones del otro. Pero al Chino ver que me lo estaba tomando en serio comenzó a abrirme su puerta.

Desde la Facultad llegaba, a su vez, la exigencia de conceptualización metodológica. ¿Qué vas a investigar y cómo? Y por qué. De ahí salió mi tutor, al que no fue necesario convencer porque sentía afinidad por el sujeto que investigaríamos. Jesús Arencibia, uno de los profes que más disfruté durante la carrera, había sido también alumno de Heras y me tendía la mano para andar este camino. Así empezó este largo proceso que ahora culmina en la publicación del libro Eduardo Heras: los pasos, el fuego, la vida… en la Feria Internacional del Libro de La Habana 2019, dedicada a este importante escritor, Premio Nacional de Literatura.

— ¿Qué centralidad le diste a la Historia de Cuba para contar la vida de este importante intelectual?

—Siempre pienso que la maravilla de la Historia es eso de poder contarla a través de perspectivas múltiples. Un lápiz puede ser el motivo de un recorrido, como puede serlo un caracol o una taza de café. Cualquiera de estos elementos pudiera ser el punto generador de una historia. En el caso de la Historia de Cuba, recordemos que esta ha sido contada con esmero desde el azúcar y el tabaco en su contrapunteo; o desde los “negros brujos” y la racialidad; y en los últimos años desde la épica de la Revolución Cubana, historia que cose el triunfo de 1959 al inicio de las guerras por la independencia en 1868.

Este libro, que traza una línea temporal amplia (1940-2014), pondera lo contextual como elemento clave para entender las rutas del personaje protagónico. Como texto de no ficción le resulta imprescindible la alusión a la Historia de Cuba en este lapso delimitado por el nacimiento de Heras y la “coronación” de este autor con el Premio Nacional de Literatura.

— ¿Cómo seleccionaste a los entrevistados? ¿Cómo te fue posible localizarlos?

—En rigor, no los seleccioné. Mejor sería decir que hice un inventario de personas que habían convivido con él, ya fuera en términos de vecindad, amistad, estudio o trabajo. Resultó que era una lista extensa en la cual coexistían, por ejemplo, el entonces Asesor del presidente Raúl Castro, Abel Prieto, y Pepito, el amigo de la infancia de Eduardo; coexistían Daniel Chavarría y Urbano, el personaje que inspiró el cuento “Urbano en la muerte”. A algunos los contacté vía digital, a otros les toqué la puerta y terminamos, en un caso que recuerdo con vivacidad, oyendo rock´n roll y leyendo el final de El Reino de este Mundo, célebre novela de Carpentier. Recuerdo que fui, lo mismo en una guagua que en una motocicleta, a la Fábrica Vanguardia Socialista y a la zona de Alamar donde vivió Eduardo. Nunca regresé sin respuestas.

— ¿Cuál fue la manera en que investigaste para tu libro a fondo, la vida de Heras, a través de entrevistas e investigación bibliográfica? ¿Cómo lograste mezclar coherentemente el testimonio de los entrevistados, las conferencias, información bibliográfica, con la opinión del protagonista Eduardo Heras León?

—Mi tutor y yo pensamos que entretejer testimonios hasta armar una especie de mosaico narrativo, era la solución más feliz para un texto que crecía hasta sobrepasar el límite de páginas que la Facultad requería. Por tanto, había que tejer con mucha pasión y cuidado para no repetir información y que fuera un libro atractivo para el lector. No sé si lo logramos, esa verdad solo la tienen los lectores, pero confieso que la manera de tejer, el proceso en sí, fue de lo más placentero que he hecho en la vida. Las horas de búsqueda en archivos infinitos de la BibliotecaNacional, las sorpresas de titulares de otras épocas, el olor de las páginas antiguas y, al propio tiempo, hilar el texto documental con la fuente viva que eran los entrevistados, con el afán de no exhibir las marcas de la costura, fue todo un riesgo adorable.

— ¿De qué manera interrelacionaste la vida de escritor con la vida personal de Eduardo Heras León?

—La vida de un artista y su arte son indivisibles. No pintas un plátano sin que ello tenga alguna relación cognitiva o experiencial con tu vida. La escritura es siempre un camino que se traza a la par de lo vivido y Heras lo ha dicho muchas veces: es un escritor vivencial. No es posible separar su vida de su obra.

— ¿Cómo organizaste la estructura de la redacción? ¿Qué géneros periodísticos y literarios utilizaste en este proyecto para lograr articular esta historia sobre Heras?

—La técnica de montaje, tomada del cine y trasladada a la Literatura, fue la que nos permitió ensamblar testimonios llegados de muchas partes. No creo demasiado en las casillas de los géneros porque, dadas las circunstancias de la hibridación, la palabra texto me es suficiente para nombrar lo escrito. Pero si tuviera que segmentar rigurosamente, diría que este libro es un testimonio que ensaya y coloca a la entrevista como su bastón.

— ¿Es una excusa en tu obra hablar de la vida y obra de Eduardo Heras León para centrarte en la crisis y los desafíos de la intelectualidad cubana en la época del Quinquenio Gris?

— ¿Podría llamar excusa al tema que investigué durante dos años? El Quinquenio Gris es un fantasma que merodea en el campo cultural cubano y que, cuando era de carne y hueso, afectó al protagonista de mi libro. En las páginas que escribí está dicho y el testimonio, con Heras en el centro, recorre ese camino que delinea la política cultural de la Revolución Cubana.

— ¿Qué consejos darías a los jóvenes periodistas, poetas y narradores sobre la importancia de la objetividad, creatividad y libertad en sus creaciones artísticas?

—Lo mismo que oí decir una vez a una joven escritora que estimo: lo importante es escribir desde la honestidad y el amor, aun cuando la escritura pase por el filtro de la subjetividad y la egolatría. No hay que demostrarle nada a nadie. Ser auténtico —tan difícil como ser original— es lo que cuenta para mí. La libertad, aunque relativa, te la da la propia autenticidad.

— ¿Cuál es tu opinión sobre la importancia del Centro de Creación Literario Onelio Jorge Cardoso en la formación de la intelectualidad cubana?

—Imagina que, luego de un semestre de Literatura latinoamericana y otro de Literatura General, haces un cuento, varias reseñas con tono ensayístico, has pasado unas vacaciones escribiendo capítulos de lo que pudiera ser una novela. Luego comienza el curso escolar y alguien te dice que existe un Centro de Formación Literaria al que puedes mandar eso que has escrito. Y como quien tienta a la suerte, vas con tus textos desaliñados y los dejas en una oficina, en 5ta y 20. Pasan unas semanas y te llama una señora con acento raro y te dice que has entrado al bendito Centro. Entonces saltas, das gracias, ella te responde que el talento es tucho y que deberás ir, en lo adelante, todos los sábados a la misma dirección. Llegarás el primer sábado del curso y verás que hay entre tus compañeros gente conocida —tu profe de Literatura Cubana y dos personas con las que compartes la carrera— y otros tantos que no conoces pero después serán tus amigos y tomarán el Café Fortuna como antídoto literario frente a los problemas. Y verás en un aula, espacio que siempre te pareció lo más tradicional del mundo, cómo se ensanchan las paredes hasta abrir el techo. En ese espacio de libertad, un Chino cuentero inagotable te hará ver lo que hasta ese entonces no habías visto: la magia de la literatura en colectivo. Saldrás de allí, el último sábado, sin deseos de irte y repetirás como un mantra: gracias. Gracias Eduardo, gracias Ivonne Galeano, gracias Raúl Aguiar y Sergio Cevedo. Gracias al grupo diverso e inmejorable que te tocó.

— ¿Cómo crees que los jóvenes poetas y narradores de la actualidad pueden ser fieles herederos de la vida y obra de Eduardo Heras León?

—No tenemos que ser herederos de nuestros mayores. Ser nosotros y escribir a nuestra manera es lo que hará honra a esos que nos enseñaron. No tengo ninguna verdad pero si algo creo es que, más allá de estéticas, con lo que debemos quedarnos es con las enseñanzas éticas y emprender nuestros caminos.

—Si pudieras resumir en una frasea Heras, ¿cuál sería esta?

—Mi maestro —así de manera egoísta aunque adoro compartirlo con un millar de alumnos.

Autora: Nileyan Rodríguez.

 

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