15 junio, 2021

Dos Ríos, ascenso de José Martí al altar de la Patria

El 19 de mayo de 1895 cayó en Dos Ríos José Martí. El suceso fue un duro golpe para las filas insurrectas por la pérdida de un hombre con una extraordinaria visión política e invaluable labor en aunar a los pinos viejos y los pinos nuevos.

El 19 de mayo de 1895 cayó en Dos Ríos el organizador de la ¨Guerra Necesaria¨, José Martí. El suceso fue un duro golpe para las filas insurrectas por su extraordinaria visión política y su incalculable papel en aunar a los pinos viejos y los pinos nuevos.

El 19 de mayo de 1895 cayó en Dos Ríos el organizador de la ¨Guerra Necesaria¨, José Martí. El suceso fue un duro golpe para las filas insurrectas por su extraordinaria visión política y su incalculable papel en aunar a los pinos viejos y los pinos nuevos.

El 19 de mayo de 1895 cayó en Dos Ríos el organizador de la ¨Guerra Necesaria¨, José Martí. El suceso fue un duro golpe para las filas insurrectas por su capacidad de convocatoria, su extraordinaria visión política y su incalculable papel en aunar a los pinos viejos y los pinos nuevos.
Catorce días antes se había efectuado una Cumbre entre las principales figuras de la contienda, Máximo Gómez, Antonio Maceo y José Martí. En ¨La Mejorana¨ se trazó la estrategia para la lucha insurreccional no sin sortear duros escollos por la diversidad de opiniones y criterios de cómo manejar la contienda y el gobierno de la República en Armas, pero los líderes dejaron a un lado sus discrepancias y pusieron a la Patria en primer lugar.

El Hecho Histórico

El 18 de mayo de 1895, El General Máximo Gómez tiene noticias de una tropa española que se dirige a abastecer un fortín en Ventas de Casanova, caserío a 17 kilómetros de Dos Ríos. Este convoy de suministros está custodiado por 800 soldados al mando del coronel Ximénez de Sandoval. Se detienen para almorzar en Remanganagua y continuar la marcha hacia su destino.

Gómez está acampado en Vega del Chino. Martí, con 18 hombres, está en los Ranchos de Rafael Pacheco. En ese lugar escribe la carta a Manuel Mercado, que se considera su testamento político. Todo parece indicar que esa carta queda inconclusa por la llegada del general Bartolomé Masó al campamento con 300 jinetes. Tienen una larga conversación y sobre las diez de la noche el general parte hacia el campamento de Vuelta Grande.

El coronel Ximénez de Sandoval y el capitán Antonio Serra narran que llevan ante su presencia a un hombre que tiene información importante para los españoles: allá por Dos Ríos hay una fuerza cubana. La columna española, por su parte, toca diana y pone rumbo a Dos Ríos para cruzar el río Contramaestre, lo cual hacen por el paso de Limones. Allí detienen al campesino Carlos Chacón, quien bajo presión dice donde se encuentran las tropas cubanas, y que allí se encuentran El Viejo (así le decían a Máximo Gómez entre los cubanos) y José Martí.

Ximénez de Sandoval ordena ir a Vuelta Grande. Para ello tiene forzosamente que atravesar por Dos Ríos. El combate hace amago de comenzar cuando el grupo de exploración cubano choca con la tropa española. Un detalle interesante es que Gómez no puede cruzar el Contramaestre por el paso de Santa Úrsula por estar crecido el río. Lo hace por un punto que le desaconsejan todos los prácticos. Esto provoca un cruce desorganizado, muchos no llegan a hacerlo. La cantidad que efectúa el cruce varía según diversas fuentes. En la cerca de la finca de José Rosalía Pacheco chocan con una avanzadilla española, rompen esa línea, pero son rechazados por un fuego tremendo. Descargas continuas rechazan a los cubanos, un grupo de 12 de ellos está buscando atacar por la retaguardia a los españoles pero esto fracasa ante el fuego de los fusiles máuser de los centinelas ibéricos.

Ximénez de Sandoval cuenta en su informe que se dio cuenta que iba a ser atacado desde el Cauto y sitúa sus tropas de forma inexpugnable. Gómez está retrocediendo para reorganizarse, se supone que en ese momento ve a Martí y le ordena que se retire a la retaguardia, según su propio testimonio.

Detiene Martí un tanto su caballo Baconao y al concentrar su atención sobre el enemigo, Gómez lo pierde de vista. Según el historiador Rolando Rodríguez, es probable que Martí merodeara por el terreno tratando de aproximarse al escenario inmediato de la lucha, y en compañía del subteniente Miguel Ángel De la Guardia Bello, se lanza al galope contra las líneas españolas y se coloca a unos cincuenta metros a la derecha y delante del general en jefe, donde ambos jinetes se convierten en blanco perfecto de la avanzada contraria, oculta entre la hierba.
Pasan el Delegado y su acompañante entre un dagame seco y un fustete caído. Las balas alcanzan a Martí, y se desploma. Baconao vuelve tinto en sangre, pues había sido alcanzado por una bala que le penetró por el vientre y salió por una de las ancas. Este sobrevivió a la herida y luego Gómez ordena que lo suelten en la finca Sabanilla con la indicación expresa, por respeto a Martí, que nadie más lo montara.
Martí es impactado por tres disparos. Una bala le penetra por el pecho, al nivel del puño del esternón, que quedó fracturado; otra entra por el cuello, y le destroza, en su trayectoria de salida, el lado izquierdo del labio superior, y otra más, lo alcanza en un muslo.
Su acompañante, quien queda atrapado bajo su caballo herido, logra librarse del peso de la bestia y atrincherarse detrás del fustete caído para batirse desde esa posición con el adversario, escondido en el herbazal, pero no consigue rescatar el cuerpo de Martí. Con el paso lento que le permite su caballo herido retorna De la Guardia a los suyos.
El generalísimo Máximo Gómez desesperado por la funesta noticia, se lanza al lugar del suceso a fin de recuperar a Martí, vivo o muerto. Una barrera de fuego impide a Gómez llegar hasta el cuerpo de Martí. Lo hallan los españoles y el cubano Antonio Oliva, un práctico conocido por el sobrenombre de El Mulato, alardea de haberlo rematado con su tercerola.
La prensa en los días siguientes a la muerte de Martí, publica detalles que obviamente proceden de fuentes españolas, que plantean que a los soldados españoles les había llamado la atención un hombre montado en un magnifico caballo blanco, con un sombrero de castor, un saco negro; y que revólver en mano se movía de un lugar a otro como arengando a los cubanos que disparaban.
El hijo de Ángel de la Guardia, atestigua, de oídas de su madre, que en medio del desorden causado por la refriega, Martí no carga contra las fuerzas españolas, sino que dio con ellas por extravío. Al desviar una hondonada los caballos, Martí y Ángel se separan del grupo. Ambos presentarían, sin saberlo, un blanco magnifico a los españoles.

El periplo del cadáver del Apóstol

En un vagón de carga agregado al tren y bajo la protección de 81 soldados españoles, fueron trasladados los restos de Martí desde San Luis a Santiago de Cuba. Los llevaron al cementerio de Santa Ifigenia y fuerzas de un batallón custodiaron la necrópolis a fin de frustrar cualquier acción insurrecta.
Los cubanos Antonio Bravo Correoso y Joaquín Castillo Duany pidieron a oficiales españoles amigos que les facilitaran la oportunidad de identificar el cadáver. El capitán Enrique Ubieta los acompañó a Santa Ifigenia hasta el lugar donde se hallaba el ataúd. En una rústica caja de madera, precintada por tiras de lata, se encontraba depositado el cadáver de Martí.
Entonces Ubieta llamó a un soldado de la custodia y le pidió que levantase la tapa. Estaba de espaldas, con la boca abierta y el pelo peinado hacia atrás, descompuesto a pesar del embalsamamiento. El pantalón desabotonado dejaba al descubierto el abdomen.
Castillo Duany dijo: “No hay duda alguna, es Martí”. Otros cubanos reconocieron también los restos y un fotógrafo, Higinio Martínez, dejó constancia gráfica del cuerpo asolado por la muerte, aunque en la fotografía, no parece estar dentro de un ataúd.
Llega la hora del entierro. El coronel Ximénez de Sandoval pregunta si había algún amigo, pariente o conocido de Martí que quisiese despedir el duelo. Como nadie aceptó la encomienda, el militar español asumió la tarea. Fue breve. Suplicó que no viesen en Martí al enemigo, sino el cadáver “del hombre que las luchas de la política colocaron ante los soldados españoles”.
Los restos de Martí se mantuvieron en el nicho 134 de la galería sur de la necrópolis santiaguera hasta 1907, momento en que fueron trasladados a un pequeño templete de estilo jónico, erigido en el mismo lugar que ocupara el nicho. A mediados de 1951 queda inaugurado el mausoleo que desde entonces guarda sus restos.

 

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