26 agosto, 2021

Ciencia y sociedad: ¿separadas o una misma?

Este 15 de enero, Día de la Ciencia Cubana, compartimos algunas opiniones del Dr.Cs Agustín Lage. Desde su hogar, respondió varias interrogantes encaminadas a cómo dinamizar la ciencia, la tecnología y la innovación para la sociedad.

Muchos errores pudieran evitarse si las herramientas de la ciencia se aplicaran a los procesos sociales, con mayor intensidad. Observar, analizar, verificar datos, comprobar y cuestionar una y otra vez, más allá de métodos científicos, conformarían un estilo de vida en busca de mejores soluciones, sobre todo cuando hablamos de espacios interconectados.

Este 15 de enero, Día de la Ciencia Cubana, compartimos algunas opiniones del Dr.Cs Agustín Lage. Desde su hogar, respondió varias interrogantes encaminadas a cómo dinamizar la ciencia, la tecnología y la innovación para la sociedad.

El Doctor Agustín Lage, quien se desempeña hoy como Asesor de BioCubaFarma, abre las puertas de su hogar a Canal Caribe.

¿Considera que los impulsos de los científicos y las voluntades políticas se dirigen hacia el mismo sentido?

-Uno de los elementos esenciales del desarrollo científico es el nivel de conexiones de la ciencia con otras tareas de la sociedad. Por ejemplo, hay quien piensa que cuando vas a evaluar el desarrollo científico, lo importante es cantidad de científicos, cantidad de publicaciones, etc. Eso es necesario, porque marca el volumen de la actividad científica. Pero en el mundo actual, tan importante como el volumen de la actividad científica, son las conexiones que ella establece, hasta qué punto esas actividades están conectadas con la economía, la educación y otros sectores.

En Cuba, el esfuerzo de los últimos veinte años se ha dirigido a construir conexiones entre la ciencia y otras funciones de la sociedad. Por ejemplo, en el área de Biotecnología para la Salud continuamos trazando líneas, para que cada vez más, la actividad científica esté conectada con la producción, la economía, los programas de salud.

Cuando hablamos de cifras considerables, la población espera resultados más inmediatos, por ejemplo, en la producción de medicamentos, dispositivos para la salud y otros tratamientos. Esto también ocurre en casi todos los sectores. ¿Será que la realidad económica de hoy supera las expectativas de la ciencia?

-No, todo lo contrario. Precisamente por las realidades que tenemos, debemos convertir la ciencia en un sector que hale la economía. La ciencia debe ir por delante, no estar subyugada a un desarrollo económico; o sea, el pensamiento de “cuando tengamos dinero entonces haremos ciencia” se invirtió en Cuba. La idea es que los sectores científicos dinamicen la economía del país.

En este contexto las universidades y otros centros de investigación funcionan como catalizadores de desarrollo, siempre y cuando los proyectos no queden engavetados ante las demandas colectivas. Se trata de fortalecer el vínculo Universidad-Empresa en todos los niveles ¿Cómo hacerlo?

-Las universidades, junto con los centros científicos, son las instituciones que se dedican profesionalmente a la construcción de conocimiento. Estos espacios deben conectar, cada vez más, con la sociedad. Así, podemos ver incluso las universidades como dispositivos del que surjan nuevas empresas. De hecho, los parques científico-tecnológicos nacen para compartir el conocimiento y ser incubadoras de empresas. Y deben potenciarse las estructuras desde el nivel local, desde el territorio.

En la primera mitad del siglo XX, el conocimiento se generaba en la universidad o un centro científico, y después, algún día, se aplicaba en una determinada actividad práctica. Esa modalidad ya va quedando atrás, aunque en su momento permeó el desarrollo científico nuestro, cuando hablábamos en los términos de introducción de resultados, por ejemplo. Es decir, los resultados se obtenían en una parte y se introducían en otra.

Ahora, las relaciones entre ciencia y sociedad van en la dirección de que el conocimiento se genera donde se aplicará, más cercano en el tiempo y proximidad geográfica.

Por otro lado, humanizar a los científicos y sus procesos es una oportunidad para estimular el pensamiento lógico y las vocaciones, desde las primeras edades. Es también, un desafío para la comunicación ¿Cree que el impulso que ha tomado la comunicación de la ciencia con la COVID-19 sea pasajero?

-Comunicar la ciencia, no es solamente comunicar los resultados. Tienes que comunicar el proceso por el que se llega a esos resultados, de manera que el pensamiento científico se convierta cada vez más en un componente de la cultura general del cubano. Eso funciona como antídoto de la improvisación, de la superstición, de las decisiones apresuradas sin pasar por el filtro de una comprobación.

La COVID-19 ha marcado una diferencia porque la comunicación de la ciencia ha sido muy superior a la que hacíamos hace tres o cuatro años. Por tanto, si fuera pasajero estaríamos todos trabajando en vano. Debemos capturar estas ideas y no permitir que se pierda cuando se acabe la COVID-19.

 

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