26 septiembre, 2021

Biden y Cuba: ¿Un nuevo camino?

Biden y Cuba: ¿Un nuevo camino? Foto: Infobae

Biden y Cuba: ¿Un nuevo camino? Foto: Infobae

Finalmente llegó el día en que Donald Trump no le quedó otra que irse de la Casa Blanca. No se resigna. En su lugar en los últimos discursos ha optado por hablar del movimiento que él fundó, y en el discurso de despedida dijo que era solo el comienzo para el movimiento que él había fundado. Así que habrá Trump todavía para rato.

Con razón el senado se apura en hacerle el juicio político, no será por gusto, intentan asegurarse de que no vuelva a nominarse, y tratar de hacerlo pagar por incitar la violencia del 6 de enero. Y en las mismas escaleras subidas en turba por los invasores aquel día, hoy juró proteger la constitución el nuevo presidente, en el ritual que cada cuatro años se celebra los 20 de enero. Un ritual que enorgullece a los defensores a ultranza de ese sistema político, del cual elogian una y otra vez el cambio de poder pacífico. Algo que esa democracia, en franca crisis, no pudo asegurar esta vez. Y escuchamos a Joe Biden pidiendo unidad, allí, donde no estuvo el presidente que debería entregarle el cargo, pacíficamente.

En su discurso inaugural Biden hizo lo esperable. Llamar a la disidencia pacífica, a no enfrentarse a muerte por diferencias de raza, o visiones políticas. Dijo Biden con triunfalismo: la democracia ha ganado, allí, donde 70 millones de personas piensan que el nuevo presidente le robó las elecciones al anterior. El momento quizás más simbólico, histórico de esta inauguración fue ver a la primera mujer de la historia ser juramentada como vicepresidenta de Estados Unidos.

Kamala Harris además es la primera mujer de color con semejante cargo. Juramentada por la única jueza de la corte suprema de origen latino, esa corte suprema donde Trump logró poner a tres jueces incluida una mujer que está en contra del aborto, y un hombre acusado de violar a otra mujer que lo delató en televisión nacional. Si bien el vicepresidente rara vez llama tanto la atención, ahora Harris es centro de atención por muchas razones.

Hija de una mujer india y un hombre jamaicano, jurista, locuaz, conocedora de leyes y trampas políticas, ahora es el horcón de Biden que tendrá en ella la energía y la juventud que podrían faltarle a él, un hombre de 78 años que muchos especulan no buscará un segundo mandato. Harris además será el voto que desempate en el Senado, que tiene tras estas elecciones 50 demócratas y 50 republicanos.

Es un logro indiscutible que una mujer no blanca llegue a ese alto cargo, sobretodo allí, ese país, donde el racismo campa a sus anchas, y las mujeres ganan muchísimo dinero menos que los hombres por el mismo trabajo. Ese país donde hace cuatro años eligieron a un hombre blanco, rico, misógino y racista, por encima de una mujer con larga trayectoria política.

Biden no ha esperado para empezar a trabajar, hoy firmaría 17 órdenes ejecutivas que enrumbarían al país en el camino del buen sentido y la lógica más elemental. Uno sabe que la cosa está mala cuando entre las primeras órdenes que firmará será hacer obligatorio el uso del nasobuco, allí, en ese país, donde 400 mil personas han muerto por una pandemia que Trump afirmaba haber controlado. Biden ha escogido al gabinete más diverso de la historia de ese país, con personas de diferentes orígenes étnicos, de clase, inmigrantes.

Una buena noticia que el gabinete se parezca más a la mayoría. Pero ojo, ese grupo de personas en los que Biden confiará mucho y delegará más, con su inteligencia y capacidad, harán cumplir los intereses nacionales de Estados Unidos mucho más efectivamente que lo que hizo Trump hasta hoy.

Biden estuvo entre el grupo de personas que decidió cambiar el rumbo con Cuba. Recibe una relación entre Washington y La Habana en las peores condiciones probablemente de la historia. Las sanciones aplicadas a rajatablas, incumpliendo Estados Unidos los acuerdos migratorios de entrega de visas, ya que ni siquiera pueden los cubanos acceder a servicios consulares desde aquí. Persecución a navieras grandes o pequeñas que intentaran trasladar combustible a Cuba. Advertencias basadas en mentiras a sus ciudadanos para que no vengan a Cuba. Limitadas las remesas de cubano-americanos que legalmente enviaban dinero a sus familias, y disminuidos los vuelos de aerolíneas comerciales a la Isla, que ahora solo pueden aterrizar en el aeropuerto de La Habana.

Las alrededor de 234 medidas aplicadas en solo 4 años dan muestra de la obsesión y la cantidad de gente que tiene trabajando en el tema Cuba esta administración saliente. Para poner más vallas en el camino de la reconciliación, nombran a Cuba país patrocinador del terrorismo, una lista que se inventan para poner a países que no les gustan porque no hacen lo que se dicta desde Washington. La familia cubana es la más afectada, la de aquí y la que viven en la Florida, que ve más difícil todo vínculo con esta parte del estrecho.

Biden conoce claramente la política de Obama. Su esposa, Jill Biden viajó a Cuba, visitó La Habana y Camaguey, e incluso estuvo en la Universidad de ciencias pedagógicas Enrique José Varona, conoció sobre inclusión social de las mujeres cubanas. Ella conoce Cuba mucho mejor que los que gritan a los 4 vientos ser dueños de la narrativa cubana, los Marco Rubio y otros que desde la Cámara baja quieren secuestrar el tema Cuba como si fuera un asunto de política local del sur de la Florida.

Biden tendrá que asumir prioridades impostergables con Cuba, y ya han dicho algunos cercanos que lo primero será levantar muchas de las restricciones que impuso Trump. Pero tendrá que hacer algo muy importante, que será devolverle vida a esa embajada, y renovar el vínculo con instituciones cubanas.

En los primeros meses debería suspender la aplicación del título tres de la Helms Burton, como venían haciendo los que antecedieron a Trump, y trabajar de frente y con fuerza para levantar el bloqueo, él sabe como lo sabía Obama, que el bloqueo es ilegal, e impide que Cuba se desempeñe en el comercio mundial como un país normal, con un costo elevadísimo para la familia cubana, no sabremos nosotros lo que ese bloqueo ha representado para nuestras vidas. La ruta está trazada en la directiva presidencial firmada por el ex presidente Obama, y los 22 acuerdos firmados entonces siguen vigentes.

Ahora bien, que el entusiasmo de ver a Trump irse no nos entusiasme excesivamente. Joe Biden trabajará incansablemente para hacer de Cuba lo que ellos quieren, un país donde no exista revolución, y donde se instaure un sistema político coherente con los intereses de Washington.

Nombrará de asesor en el Consejo de Seguridad Nacional para los temas del hemisferio occidental al colombiano Juan Gonzalez, quien repitió lo que sabemos en un artículo recientemente publicado en American Quarterly. Dijo, “con Cuba el acercamiento no es un regalo al régimen represivo, es un acto subversivo”, nada nuevo bajo el sol, pero es mi trabajo recordar quién es en quién en este mundo de apariencias e intereses.

Donde la democracia sea esa que ellos quieren. Vendrán los que digan que Cuba debe dar el primer paso, que de este lado deben apresurarse cambios al estilo americano para que Biden vea y haga. Y la verdad, no lo veo así. Quieren llamar a un borrón y cuenta nueva, y que sea Cuba quien de muestras de buena voluntad. Será el primer día de Biden, pero no es el primer día de Cuba con un presidente estadounidense innovando en cómo acabar más rápido con la revolución cubana.

Entonces, en 4 años aplican casi 240 medidas, todas contra la economía del país, contra comprar, vender, importar petróleo, usar las pasarelas internacionales de pago, multando o intimidando a todo aquel que quiera vínculos con Cuba, oiga usted bien, más de una medida por semana en estos 4 años, y entonces es ¿Cuba quien debe dar el primer paso, el país al que no dejan comprar en dólares, al que mantienen oprimido en un sistema de sanciones que no aflojan ni ahora cuando una pandemia mundial debe sacudirnos esas políticas que estrechan las arcas nacionales?

Habiendo dicho esto, qué bueno sería poder dar buenas noticias y no solo malas, como hemos tenido que contarles en los últimos años. Yo pude cubrir alguna de ellas. Si los artistas cubanos volvieran tocar su música a los cubanos de allá, sin amenazas ni poniéndole precisas al bajar por las escalerillas de un avión, preguntándole nada mas pisar de qué lado están y entonces veremos si te damos la bienvenida o no. Si los científicos de allá y de aquí se sentaran a pensar juntos como enfrentar el Sars Covid-19, ese enemigo común que se vencerá más rápido si nos unimos. Esas serían buenas noticias, y son mucho más posibles con Biden que con Trump.

Mientras tanto, Cuba avanza en cambios profundos como la reforma monetaria, o el impulso que se da a solventar necesidades domésticas con producciones nacionales, desarrolladas por la empresa estatal o privada. Son cambios que responden a nuestro contexto, y que desdicen a aquellos que pintan a esta isla como detenida, en un irremediable despeñadero. Un alivio para Estados Unidos y para el mundo, que un hombre con sentido común, el político que promete construir consenso allí donde parece imposible, ocupe hoy la oficina oval. Un hombre que no cree que ingerir cloro cura la Covid, y cree que en la ciencia está la clave para enfrentar el cambio climático.

De este lado del mundo observamos al presidente número 13 que ha tenido derrocar la Revolución cubana como una tarea pendiente. Este será el primer día para Biden, pero son más de 60 años sin soltar las riendas de un país comprometido con su propio camino y no con lo que sueñan en Washington para nosotros.

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Periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana y Canal Caribe

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