30 julio, 2021

Aníbal, Testigo del cambio

El Aníbal de nuestro tiempo –con apellidos Pérez Hernández– sonríe en silencio al hablarle de una coincidencia con su antecesor…También él es un hombre de armas en las sierras del Escambray, miembro del Movimiento 26 de Julio, combatiente testigo de la Histórica Batalla de Santa Clara y del ataque al tren blindado, en 1958. Además, dispuesto a dar su vida por la obra de la Revolución.

El Aníbal de la Batalla de Santa Clara

Aníbal nunca supo por qué sus padres le pusieron el nombre de una persona milenaria y famosa. Tampoco conocía a alguien cercano en la familia o amigos que oyeran hablar de historia antigua ni del general cartaginés Aníbal, hijo de Amílcar Barca. Este personaje del año 247-183, antes de nuestra era, inició la segunda guerra púnica y venció en numerosas batallas. Denunciado como enemigo de Roma decidió suicidarse antes de caer prisionero.

El Aníbal de nuestro tiempo –con apellidos Pérez Hernández– sonríe en silencio al hablarle de una coincidencia con su antecesor. También él es un hombre de armas en las sierras del Escambray, miembro del Movimiento 26 de Julio, combatiente testigo de la Histórica Batalla de Santa Clara y del ataque al tren blindado, en 1958. Además, dispuesto a dar su vida por la obra de la Revolución.

El tren blindado descarrilado por las Fuerzas Rebeldes. Fotos cortesía de la autora.
El tren blindado descarrilado por las Fuerzas Rebeldes. Fotos cortesía de la autora.
El CHE con sus tropas en la Batalla de Santa Clara. Foto cortesía de la autora.
El CHE con sus tropas en la Batalla de Santa Clara. Foto cortesía de la autora.

Aníbal nació en 1935, en la localidad de Santa Rosa la Chiquita, Cartagena, Cienfuegos, en una familia campesina pobre y numerosa, ocho hermanos y una abuela que había tenido 24 embarazos. Llegó a la adolescencia casi analfabeto, solo tenía el segundo grado de escolaridad, dice asombrado él mismo. Delgado y de mediana estatura pueden sintetizarse en su infancia los graves efectos provocados a la sociedad cubana, en el aspecto económico, cultural y político.

Una época convulsa de los desgobiernos de turno en Cuba, en esas décadas hasta 1959, que se resumen de una manera muy concreta: desamparo, abandono, pobreza, analfabetismo. Una imagen quedaría grabada para siempre. La construcción rudimentaria por sus padres de una pequeña cajita mortuoria para una hermanita.

Al indagar por la inspiración de su decisión, dice, mira, las necesidades y desgracias eran muy grandes, aquella situación era insoportable y los más jóvenes nos revelamos.

A pesar de los 62 años transcurridos recuerda las andanzas junto con Lalo Cruz y Efraín González en busca de escopetas entre los campesinos de la zona. Esto sería suficiente para que un día les avisaran que la guardia rural los estaba buscando.

Anibal y combatientes de la columna del CHE. Foto cortesía de la autora
Anibal y combatientes de la columna del CHE. Foto cortesía de la autora

Ya no regresaría a su humilde vivienda, comenzarían las largas caminatas de un grupo de doce por el Escambray en busca de otros jóvenes alzados, como se decía entonces.

Aun a sus 85 años no puede estar tranquilo en casa. Cuando se le antoja y es a menudo, camina aun varios kilómetros. Tiene presente su raída mochila, casi vacía, con muy pocas cosas, ni una caja de cigarrillos, que de existir la repartían entre todos. La comida sin horario fijo, cuando había alimentos era la hora adecuada. Lo más cuidado y de valor era la escopeta o el fusil que fueron logrando en el transcurso de los meses.

En la Caravana hacia lo desconocido

El día del asalto al tren blindado en La entonces Santa Clara fue ubicado con su escuadra en las alturas de El Capiro, con visibilidad hasta la línea del ferrocarril. Horas después fue sorprendido por quien menos podía pensar. Con pasos rápidos se acercaría un hombre, una mujer, varias personas más y le preguntan por qué estaban allí, expuestos al fuego de la artillería y la aviación del enemigo. Le responde y demanda a la vez si ya podía dejar el lugar. La respuesta fue rápida, no, siga donde le dejó su jefe que el vendrá. Era el Che, sí, así fue, afirma y asiente con la cabeza. El nombre del Jefe de Pelotón es Roberto Ruiz –añade- y estaba con un tractor y tenía la misión de levantar los raíles del ferrocarril, y afirma a continuación, te voy a decir que yo nunca he sido un «fuerte hablador».

El tren blindado descarrilado por las Fuerzas Rebeldes. Fotos cortesía de la autora.
El tren blindado descarrilado por las Fuerzas Rebeldes. Fotos cortesía de la autora.

Luego se sucederían los hechos, combates, el cuartel y la estación de policía donde ya portaría un fusil Garand y continuaría en la experiencia inolvidable de La Caravana, la llegada en horas de la noche a La Cabaña, el dos de enero de 1959. Fue ubicado en el área de la logística. Guarda con cariño una foto de aquel 3 de enero de 1959.

Reconoce que entonces no comprendía lo suficiente, el alcance de lo ocurrido para Cuba con la revolución y con él mismo en particular.

Para suerte, dice, semanas después de estar en La Cabaña fue trasladado para la base aérea de San Antonio de los Baños con la misma tarea, donde Fidel había organizado una escuela de artillería. Nunca pensó en la posibilidad de que allí encontraría muchas veces a Fidel ni que aquel hecho marcaría para siempre el rumbo de su vida.

«No se preocupe Comandante, yo soy un burro», afirmaba.

Si escuchas a Aníbal contar la historia comprendes mejor el realismo de los hechos, su sinceridad, asombro y admiración por el descubrimiento de una persona como Fidel, que le explicaba una y otra vez lo que debía hacer ante diversas gestiones y compras diversas y yo, –se pone la mano en el pecho y se da pequeños golpecitos- sin conocer ni almacenes ni La Habana tampoco, recalca entre sonriente y enfadado.

Anibal Pérez Hernández. Foto cortesía de la autora.
Anibal Pérez Hernández. Foto cortesía de la autora.

Y prepárate ahora, me dice. Fidel visitaba mucho la Base. Un día, en un intercambio en el cual no comprendía muchas cosas, le dice Aníbal, mire Comandante, déjeme y no se preocupe es que yo soy un burro.

Fidel se le acercó, le miró sin parpadear y le respondió, no, no digas eso, tú no eres un burro, tú tienes talento. Pero Aníbal no sabía lo que era talento y concluyó muy triste, preocupado, bravo. Cuando le cuenta a otro compañero lo sucedido le responde ¿Fidel te dijo eso? ¡Pero si te hizo un elogio chico! Y le explicó.

Después vendrían cursos, escuelas, mucha preparación militar, la misión en Angola al frente de una agrupación artillera, en aquel viaje inolvidable en barco, ascensos hasta el grado de Coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, reconocido artillero terrestre y también fundador del Partido Comunista.

Anibal Pérez Hernández, Coronel de las FAR. Foto cortesía de la autora.
Anibal Pérez Hernández, Coronel de las FAR. Foto cortesía de la autora.

Con Aníbal y un grupo de combatientes tuve el privilegio de asistir la primera noche a la Plaza de la Revolución durante los homenajes rendidos al Comandante en Jefe por su partida a la inmortalidad. De pie o sentados en el duro asfalto, oímos durante horas a los presidentes y visitantes expresar su respeto y admiración a Fidel. Vivíamos un momento histórico, propicio a la recordación y reconocimiento de cuánto había hecho este hombre increíble por tantas y tantas personas con la convicción de que Patria es Humanidad.

Ojalá contáramos muchas historias de quien sabe cuántos Aníbal se cruzan a nuestro paso cada día. Así podríamos comprender mejor el sentido y raíz de la Revolución, que nos ha permitido crecer como personas de bien, útiles a la sociedad y a sí mismos.

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