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Venezuela: actuar hace hoy la diferencia

Una mentira repetida mil veces, que sataniza a quien defiende lo suyo y santifica a quien agrede lo ajeno; que vacía de contenido palabras como independencia y respeto, habida cuenta de que el medio de batalla (el de la comunicación) se diseñó con propósitos y gestores muy bien determinados, es (en la guerra mediática contra Venezuela) y para decirlo de modo sucinto: juego sucio.
Juego porque está en curso la maniobra con la cual el enemigo intenta convencer de que la intervención, entendida como violación de la soberanía de un país, es algo “justificable o necesario” cuando en realidad apunta a evitar “la herejía” de ser y decidir de un pueblo; y en ese tipo de acciones quirúrgicas, de castigo ejemplarizante, Estados Unidos tiene un historial.
Pero nada de eso cuenta en el show mediático de “la ayuda”; que va desde falsos positivos (basta ver ciertos titulares basados en matrices de opinión, ampliamente desmentidas por las autoridades venezolanas); o el foco de luz sobre algún que otro personaje que dobla las piernas ante las amenazas de Estados Unidos en su intento de fracturar la unión cívico – militar en Venezuela; hasta el concierto financiado por un multi – millonario en Cúcuta, para que cantantes (con prestigio ante el público latinoamericano) utilicen su influencia para tergiversar una realidad; clara expresión de guerra cultural.
Hacer parecer que inexorablemente sucederá algo que en verdad no es aspiración del pueblo venezolano (nadie que aprecie la paz y la integridad de su país lo aceptaría) es parte de la matriz de opinión que este tipo de prensa, procura vender sí o sí. Vale preguntarse entonces, por qué denigrar lo que es una elección legítima de los venezolanos; por qué (si el espíritu es ayudar) se juega con las emociones de quienes requieren solidaridad, no oportunismo.
Es preciso plantearse por qué, en cambio,  se silencian o se justifican los manejos políticos y las carencias sociales en otros países, cuyos Gobiernos son (en varios casos) el legado de Obama a la política exterior de Estados Unidos. Ni siquiera la Casa Blanca (que tanto ha intento legitimar a una oposición venezolana con precio de venta, mediatizándole líderes, y haciéndola lucir comprometida con el país que en realidad desprecia), puede hoy garantizar el éxito de un plan geoestratégico como el actual.
Que este 23 de febrero aumente la presión en la frontera de Venezuela, para crear escenarios de confrontación interna, en espera de que llegue la justificación para dirigir el golpe (incluso quizás por sacrifico de fichas como el propio Guaidó) es parte de la cadena de eventos para intentar hundir la voluntad de los pueblos y más allá, sus esperanzas de un proyecto distinto. ¿O cómo entender sinó la visita que dará Mike Pence este lunes, a Colombia?
No es sólo Venezuela lo que se define. No es sólo América Latina a donde apunta el mensaje de odio. Entenderlo y actuar hace hoy la diferencia.

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