Suicidio: el enemigo más letal del Ejército de EE.UU.

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Las consecuencias de la guerra hacia lo interno de la sociedad estadounidense, especialmente la familia de los soldados muertos en Irak, Afganistán, Vietnam, Corea, y las traumáticas secuelas dejadas en los veteranos, son cuestiones de las que los políticos poco hablan.
Las consecuencias de la guerra hacia lo interno de la sociedad estadounidense, especialmente la familia de los soldados muertos en Irak, Afganistán, Vietnam, Corea, y las traumáticas secuelas dejadas en los veteranos, son cuestiones de las que los políticos poco hablan.

Mientras que la Covid-19 traslada su epicentro de una ciudad a otra en Los Estados Unidos, las guerras de esa nación en el mundo continúan y con un presupuesto militar que este año alcanzó cifra récord: los 738 mil millones de dólares; sin embargo, otra pandemia azota silenciosamente a nación, el suicidio de los veteranos de guerra.

Cada día no son pocos los que se quitan la vida, agobiados por el retorno a una sociedad que muchas veces les es más hostil que las guerras a las que van, arrastrados por sucesivos gobiernos estadounidenses que solo buscan prevalecer, en nombre de la supuesta libertad y la lucha contra el terrorismo.

Quizás su nombre no les diga mucho: Andrew Marckesano; pero su historia habla de otra pandemia –latente– en Estados Unidos. ¿De qué se trata? Andrew Marckesano encabezó los titulares de algunos medios de comunicación hace algunos días porque a los 34 años, este veterano de guerra se quitó la vida delante de su esposa, una escena dantesca que lamentablemente se repite en la nación norteña donde como promedio unos 20 excombatientes se suicidan a diario.

Marckesano, a quien sus compañeros llamaban “Capitán América”, en esa recurrente narrativa de que los soldados estadounidenses son super héroes que atacan a los villanos, cumplió más de una decena de misiones, entre ellas seis en la prolongada guerra de Afganistán.  Amigos y familiares contaron que Andrew nunca pudo superar lo que vivió en 2009 en Afganistán, en el escuadrón que tuvo una de las tasas de mortalidad más altas en la guerra. Y es común el uso de esa frase “no pudo superar lo vivido en la guerra”. Como si el responsable del suicidio fuera solo la persona, y NO una situación sistémica preexistente: la invasión a un país extranjero, en nombre de una guerra contra el terrorismo que declaró un presidente, George Bush, el hijo, que dicho sea de paso desde hace 12 años ya no decide en la Casa Blanca.

Fueron a Afganistán tras los atentados contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, en busca del causante de todos los males: Alqaeda; mientras que invadieron Irak para desactivar las supuestas armas de destrucción masiva que tenía Sadam Husein. Ni lo uno, ni lo otro, consiguieron.  Solo dejar devastados dos países que a duras penas sobreviven en un conflicto interno permanente.  Más de 45 mil miembros del Ejército de Estados Unidos se han quitado la vida en los últimos seis años. En términos de equivalencia, cada año mueren por su propia mano más militares de los que han caído bajo fuego en Irak o Afganistán.

El enemigo más letal del ejército de EE.UU. ha sido, sencillamente, EL SUICIDIO. Un informe del Pentágono refleja la alarmante tendencia al alza. El hecho de que aparezca durante dos de las contiendas más largas de la historia de ese país, apunta a la duración de los conflictos como posible factor, pero no es el único. Prolongada exposición a situaciones de estrés, el odio inculcado hacia todo lo que sea diferente a la cultura Occidental, el haber sido diseñados como máquinas para matar y hacerlo reiteradamente, genera condiciones psicológicas que influyen negativamente en la salud mentar de los veteranos.

Las atrocidades cometidas: hablamos del asesinato de aproximadamente medio millón de iraquíes y poco menos de afganos, a la larga terminan pasándoles factura. La mayoría de los que se quitaron la vida no habían sufrido enfermedades mentales previas. Usted se preguntará si reciben asistencia médica sistemática para volver a lo cotidiano.  No todos, ni la suficiente porque los veteranos no están ajenos a cómo funciona el sistema de atención de salud en EE.UU. y lo hemos visto con la Covid-19.

La mayoría de los veteranos incluso no reconocen que tienen un problema, y cuando lo hacen, no van al Departamento de Asuntos de los Veteranos porque consideran que la respuesta es burocrática y formal.  Las consecuencias de la guerra hacia lo interno de la sociedad estadounidense, especialmente la familia de los soldados muertos en Irak, Afganistán, Vietnam, Corea, y las traumáticas secuelas dejadas en los veteranos, son cuestiones de las que los políticos poco hablan.

Ante esta situación tan alarmante el propio mandatario, Donald Trump, reconoció hace algunas semanas que el fenómeno del suicidio de los veteranos NO ha sido atendido debidamente, y enunció una hoja de ruta de 53 millones de dólares que los expertos valoran como insuficiente, pues harían falta unos mil millones –como mínimo– para comenzar a mitigar el fenómeno.  Eso sí, el presupuesto militar de este año ascendió hasta los 738 mil millones de dólares. Dinero para matar, pero no para salvar vidas y evitar las mortíferas guerras y sus consecuencias. Manténgase informado, la verdad necesita de nosotros.

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