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Respaldo total de Rusia a soberanía de Venezuela

El vicecanciller de Rusia, Serguei Riabkov, anuncio una reunión con el enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams, y lo más importante, anunció también cuál será el mensaje que Moscú le dejará muy claro al diplomático estadounidense: Rusia no solo considera inaceptable una intervención militar en el país sudamericano, sino que además, continuará con su colaboración en materia energética, militar, y en muchas otras áreas. Esa, recalcó Riabkov, es la decisión del presidente Vladimir Putin. Es evidente que en los últimos años, en cada uno de sus planes imperialistas, la Casa Blanca se encuentra la piedra rusa en el camino, así ha pasado en Ucrania, en la callada expansión estadounidense por Asia central, así ocurrió en Siria, ahora en Venezuela, en el tema Cuba y en muchos otros asuntos de relevancia internacional que pueden servir de ejemplos.
Ahora bien ¿A qué responde esta actitud? ¿Es un simple capricho de enfrentamiento, como podrían pensar ciertas mentes ingenuas? Claro que no, en primer lugar, el Kremlin entiende que cualquier exceso de la Casa Blanca rompe con el derecho internacional y con ese cuestionado modelo imperante en las relaciones internacionales, que si bien no es equilibrado, obliga a Estados Unidos a ajustarse algunas reglas. Moscú es consciente que si no se le impone líneas rojas a esa potencia que reacciona de forma violenta a su lento declive, el daño sería para todos, en especial, para las potencias emergente como Rusia.
Y en segundo lugar, también es perceptible que en cada estrategia estadounidense, está directa o indirectamente la intención de aislar al gigante euroasiático. En Siria era evidente, desestabilizar al país árabe donde está la única base militar rusa en el extranjero, y a partir de ahí, fomentar el extremismo islámico en las repúblicas rusas cercanas al Medio Oriente, un peligro que se mantiene. Si vamos al caso de Venezuela es igual, poner en jaque las inversiones rusas en el sector energético, incluso en el caso Cuba, se especula que la aplicación de sanciones que recoge la ley Helms-Burton, será selectiva en contra de países enemigos, entiéndase claramente Rusia y China; pero no solo es lo económico, también lo político, barrer los gobierno progresistas en la región, implicaría destruir los lazos que se han ido estableciendo con Moscú en este ámbito.
No puede faltar tampoco otras razones fundamentales, la vergüenza y el sentido común, la preocupación por las miles, quizás millones de vidas que se pierdan en un conflicto armado, el respeto a lo establecido y el rechazo al libre albedrío, la necesidad de que no se estimule un caos que puede desbordarse. Porque en política, en las relaciones internacionales, hay dos aspectos que no se pueden olvidar, primero, todo conflicto local o nacional, siempre tiene repercusiones internacionales, y segundo, cada pasado que algún país da por el sendero de la ilegalidad y la violencia, es un estímulo a seguir por ese camino; y eso es un elemento muy peligroso en un gobierno como el de Trump, cuyos principales personajes parecen estar convencidos de que tienen el derecho de hacer y deshacer a su antojo, más que ningún otro, necesita límites.

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