Menú

Que desaparezca el hambre y no el hombre

Que desaparezca el hambre y no el hombre

El estilo mosqueteros que le dio aval a la OTAN en plena Guerra Fría, sirvió sí, para consolidar la influencia de Estados Unidos en Europa Occidental.
Desde entonces hasta hoy, la seguridad europea no necesita enemigos con amigos como Estados Unidos, que obró y lo sigue haciendo, para que las órdenes en esa alianza se transmitan primero en inglés.
El aporte de Washington a “la protección” de Europa (o sea su contribución del 22% al presupuesto de la OTAN) al igual que las presiones de Trump para que los otros miembros incrementen sus gastos militares, comparten la misma marca de nacimiento. Con la OTAN, el principal servicio lo recibe Washington, que mantiene un brazo militar que cerca por las fronteras a Rusia, a sabiendas que eso pone a Europa en la incómoda situación de estar en el medio, y ser el probable terreno de operaciones si algo sale mal.
Y vaya que inclinación por los extremos no le falta al presidente de Estados Unidos, que retiró a su país del Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Corto, lo que llevó a Rusia responder con su salida, y dejó sin efecto un pacto que desde que se firmó en 1987 fue una garantía de paz para el mundo, pero que, al dejar de existir, ya no puede evitar una nueva carrera de armamentos.

Viéndolo así más que una fiesta de cumpleaños lo que estaría a tono sería una reunión de urgencia para hablar sobre la crisis de identidad que atraviesa la OTAN.
Que 70 años después comiencen a replantearse estos asuntos y se asome la idea de un sistema europeo de defensa, debe ser una especie de avance para quienes todavía tienen que escuchar el discurso de Stoltenberg, el secretario general de la OTAN, diciendo que Europa no puede imaginarse sin la Alianza. Pero un examen de conciencia no es el regalo de cumpleaños que se harán sus miembros. Hasta donde se sabe, están más preocupados por cuestiones individuales que por asumir “el uno para todos”.
Mientras tanto, la alianza ruso – china se fortalece, con un potencial militar significativo, y en muchos sentidos superior al que posee la OTAN. Y claro, son cuestiones geopolíticas las que mantienen viva a esa organización. Funciona así: No hay un enemigo común. El gobierno de Estados Unidos se enemista con el resto del mundo, mientras las consecuencias las asumen otros. De esa forma, se alimenta la industria militar, que pone precio a la vida de millones de personas.
Decía Einstein que no sabía cómo sería la tercera guerra mundial, solo que la Cuarta, sería con lanzas y piedras. La OTAN es justamente un paso en la dirección a ese escenario. Entonces, soñemos como Lenon. Y esperemos, por el bien común, como dijo un profeta, que desaparezca el hambre y no el hombre.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *