Álvaro Reynoso: juntas la tierra y la ciencia.

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Hoy se cumplen 132 años del fallecimiento del Padre de la Agricultura Científica Cubana. Y es que Álvaro Reynoso Valdés se dedicó a la medicina, la ingeniería, la tecnología industrial; pero sin dudas su aporte más reconocido hacia la actualidad es la labor como químico agrónomo. De hecho, se considera Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar su obra cumbre.

Desde muy joven tuvo importantes influencias que lo condujeron a interrumpir en 1855 la carrera de Medicina, pues su vocación se dirigía hacia la química aplicada al estudio de las plantas y del suelo. Como José Antonio Saco, el Conde de Pozos Dulces y otros destacados intelectuales de la época siempre apostó porque la agricultura cubana debía ser inminentemente científica.

De ahí que divulgara, en primer lugar, las teorías biológicas sobre la inmutabilidad o no de las especies. Luego, la estancia en Madrid le dotó experiencias sobre el desarrollo de la Acuicultura. Por ello sostuvo un marcado interés en la cría artificial de peces en aguas dulces.

En 1859 fue designado Director del Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana. Aquí comenzó su época más prolífera en el campo de la Agricultura, sobre todo en los estudios relacionados con la caña de azúcar.

Importó desde Francia varios equipamientos para instalar el primer espectrómetro que existió en Cuba. Además convirtió al Instituto en un centro tecnológicamente moderno, con los implementos necesarios para la producción científica.

En ese ámbito concibió en 1862 un sistema integral de medidas agrotécnicas, para garantizar el cultivo intensivo de la caña de azúcar, basado en investigaciones sobre las condiciones físicas y químicas de los suelos y de la propia planta, la selección de nuevas variedades, el empleo de fertilizantes y en la irrigación del terreno. Con este sistema pretendía reducir las áreas de cultivo de la caña, a los efectos de propiciar la diversificación agrícola y la eliminación gradual de la esclavitud.

Además de su difusión en diversos idiomas, las medidas recomendadas por Reynoso fueron satisfactoriamente aplicadas en Java (entonces colonia de Holanda, hoy parte de la República de Indonesia) mientras que en territorio cubano las condiciones aún no estaban creadas para su introducción práctica. Fue el primero en aplicar eficientemente en Cuba las teorías de Liebig, conocidas como del Mínimo y de Restitución, encaminadas a establecer el necesario equilibrio nutricional de las plantas a través del uso de fertilizantes.

Propuso en 1864 una completa innovación tecnológica en la producción industrial azucarera que estuviera al alcance de los hacendados con menos recursos. De esa forma esperaba a que el sector criollo no renunciara al esplendor social, proporcionado por la industria durante tantos años.

Producto del fracaso de su invento (aún se desconocen sus méritos y defectos), y de la disolución definitiva en 1869 del Instituto de Investigaciones Químicas de La Habana, permaneció 19 años en la capital francesa, donde se dedicó a diversos estudios de aplicación como los de conservación de las carnes con aire comprimido, los de preparaciones farmacéuticas de elíxir y licores, y los relacionados con la confección de una novedosa máquina para extraer jugo de caña.

Poco después de su regreso a Cuba en 1883 no contó con el apoyo gubernamental para establecer la estación agronómica proyectada en ese año. Por lo tanto, improvisó un campo de experimentación en el traspatio de su casa en el barrio del Cerro.

Pasó los últimos años de su vida realizando investigaciones en ese campo de experimentación, sobre diversos cultivos tales como: caña de azúcar, café, cacao, algodón y tabaco, entre otros, cuyos resultados fueron divulgados en la sección científica atendida por él en el Diario de la Marina.

Rechazó el nombramiento de catedrático de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias, de la Universidad Central de Madrid, para asumir, en 1858, la Cátedra Especial de Química Aplicada a la Agricultura y a la Botánica, de la Escuela General Preparatoria de La Habana. Su labor docente no fue sistemática debido a sus preferencias por la investigación.

Convirtió al Instituto de Investigaciones Químicas en una de las primeras estaciones agronómicas del mundo, a partir del modelo de institución existente en Alemania desde 1851. Para ello dispuso del laboratorio de Química que trajo desde Francia, y del campo de experimentación que le facilitó el Conde de Fernandina, en una de sus haciendas cafetaleras de Pinar del Río.

Como parte de las funciones de investigación y de asesoramiento, realizó excursiones científicas a diversas regiones agrícolas y azucareras del país, entre los años 1863-1864 y 1884-1885. Su desempeño como divulgador se aprecia en la redacción científica del Diario de la Marina (1858-1864 y 1883-1888), así como de los Anales y Memorias de la Junta de Fomento y de la Sociedad Económica de Amigos del País (1859-1865).

A partir de 1883 y hasta su muerte, Reynoso mantuvo una posición generalmente ambigua o de retraimiento político, decepcionado ante la imposibilidad de realizarse plenamente como profesional de la investigación, dada la falta de apoyo financiero por parte de las autoridades estatales y de la iniciativa privada.

Hundido en la mayor pobreza y abandono, falleció en La Habana el 11 de agosto de 1888. Sus significativos aportes en disímiles campos del saber lo ubican entre las glorias de la ciencia cubana de todas las épocas.

¿Cómo honrar el legado de Álvaro Reynoso en la actualidad? ¿Por qué es necesario, cada vez más, una pasión similar por la investigación? ¿Cómo la ciencia contribuye a aumentar la producción sostenible de caña de azúcar ante la sequía, la degradación de los suelos y otros efectos del Cambio Climático? Te proponemos esta emisión del Programa Conciencia, del 7 de noviembre de 2019. Aquí conversamos con el Director del Instituto Nacional para las Investigaciones de la Caña de Azúcar (INICA), Sergio Guillén.

¿Qué hacer para producir caña de azúcar desde la ciencia?

 

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