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Ah, Marrero, ¡qué golpes da la vida!…

Ah, Marrero, ¡qué golpes da la vida!…

El Premier o el Guajiro de Laberinto, así llamaban a Conrado Marrero Ramos, ese gran pelotero cubano que nació un día como hoy, 25 de abril de 1911.

Falleció Conrado Marrero

Había que verlo, y oírlo, sempiterno tabaco agarrado entre sus dedos, las volutas de humo subiendo en espiral, los ojos semicerrados concentrado en sus recuerdos, mientras su voz ronca repetía una y otra vez cómo les lanzó a los Yankees cuando les ganó en una ocasión: “a Mickey Mantle le tiré una “curvita afuera”…a Berra, ese c… era bateador de bolas malas, muy difícil”.

Conrado Eugenio Marrero Ramos, nacido en Laberinto, Sagua la Grande, el 25 de abril de 1911, dejó de respirar este miércoles, casi a los 103 años de vida, que lo convirtieron en el exjugador de Grandes Ligas vivo de mayor edad durante un buen tiempo, según informó el diario Granma.

Cubano de pura cepa, nunca perdió su característico buen humor. Cuando lo entrevisté en ocasión de su 99 cumpleaños, me respondió al preguntarle que cómo se sentía: “Chico, cómo tú crees que me sienta después de haber dado tantas vueltas en casi 100 años. Solo me queda esperar por la Parca”.

El Premier o “Connie”, como le decían cuando llegó a las Grandes Ligas, fue un ejemplo de tenacidad, constancia y consagración.

En 1950 entró en la nómina de los Senadores de Washington, un equipo sotanero cuyo lema era todo un canto a la prepotencia yanqui: “Washington, primero en la guerra, primero en la paz…y último en la Liga Americana”, la única verdad de toda la frase. Una anécdota —nunca confirmada—, afirma que cuando llegó al campo de entrenamiento el mentor Bucky Harris, exclamó: “¡yo pedí que me trajeran un pitcher, no un carga bate!”.

Era bajito, aproximadamente cinco pies y medio, envuelto en unas 160 libras, con brazos cortos y manos pequeñas. No tenía ni por asomo físico de atleta. “Parecía más un tendero o un campesino que un pelotero”, según un reporte de la época.

Pero hay cualidades que no pueden verse a simple vista. A Marrero le sobraba corazón y habilidad. Corazón para enfrentarse en el box a los grandes bateadores de aquella época (Williams, Mantle, Al Kaline) sin asomo de temor, dependiendo fundamentalmente de su control. “Era un guajiro “pícaro”, capaz de lanzar un juego tirando curvas y sliders, casi sin utilizar la recta, poniendo la bola donde quería”, afirmó en una oportunidad Andrés Fleitas, quien fuera su receptor en tres Campeonatos Mundiales Amateurs.

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