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Lula está libre

Lula está libre

Ha llegado a las calles para encontrarse con un Brasil distinto, de odios y dolores que están conectados a eso que él mismo llamó el lado podrido del Estado. Un des – gobierno fracturado, pero que no ha terminado de hundirse, tan caótico e impredecible como se ve. A ese Brasil, Lula le habló ayer: “lo intentaron, pero no pudieron matar la idea”.
Su mejor discurso fue salir de prisión en sus términos, por justicia y no por premio al amansamiento.

Dispuesto a volver a viajar por todo Brasil y ser el líder experto en articulaciones políticas que su pueblo conoce, con la sabiduría y la paciencia para ver caer por su peso la mentira que contaron para neutralizarlo, y avasallar al progresismo, inoculando el desencanto con la reescritura de una historia que solo puede contar quien la hace desde las calles.

Que los operadores de esa “justicia” reconozcan más de un año después que se violó la constitución encarcelando a quien no ha agotado todos sus recursos de apelación, ya que no se atreven a decir que lo condenaron sin pruebas, debe mirarse como lo que es. Un poder (supra) que se sabe débil y cada vez menos legítimo, buscando ofrendas de paz con las mayorías, el equivalente a poner las barbas en agua, cuando las del vecino comienzan a arder. Principalmente después de dejar a Brasil tan por debajo del papel que realmente merece ante los ojos del resto del mundo.
Ese mismo gobierno que existe porque Lula fue precipitado a la cárcel, luego de una componenda de oligarcas que se negaron a salir de su zona de confort, prefiere ahora evitarse los comentarios y dejar que “haga efecto” una acción que cuesta mucho creer que fue tomada de modo independiente por el Judicial.
Lo que remite a la idea de que la derecha tiene miedo y cede porque se siente en el punto donde tiene que escoger entre su autoconservación, buscar salidas traseras dentro de su fórmula de intereses, o enfrentarse a perder lo que no se ha ganado limpiamente.
Lula, por otra parte, representa mucho para Brasil. Su gestión marcó un momento de dignificación de la política, la economía y la sociedad en ese país. Llegó a las raíces del Brasil profundo. Transformó realidades, contribuyó a crear riquezas que fueron redistribuidas, facilitó oportunidades educativas para que jóvenes de las favelas cambiaran de rumbo.
Un hombre que, según sus conterráneos, dio a Brasil el lugar que debe tener. Y aunque él mismo ha dicho que “no cuenta con la clara, antes que la gallina ponga el huevo”, ya es un hecho que Lula tiene planes. Rehacer su vida, impugnar las causas pendientes y recorrer Brasil restableciendo su legado, son algunos de los momentos que depara esta nueva etapa. Tal vez, momento oportuno para elegir quién continuará construyendo la obra mayor.
A sus 74 años y con su amor por la vida y por su país, Lula demuestra que el carácter no es algo que se compra o se envía por WhatsApp. A esa parte de Brasil en vigilia que le coreó buenos días y buenas noches durante más de un año para que supiera desde su celda que no estaba solo. Ese Brasil de juego bonito, ganó ayer por goleada. Y muchos, sin pensar en camisetas, le cantamos olé desde la silla.

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