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Los 100 días de Bolsonaro

La pasada semana, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, cumplió cien días de gobierno, fecha que por lo general da pie a un primer balance de su gestión, y ese será el pretexto para nuestro comentario este domingo. Es de suponer, que el ambiente que reinó por estos días en la familia Bolsonaro, nada tenía que ver con la felicidad que vivió tras la victoria electoral el pasado mes de octubre El mandatario cuenta con el visto bueno de solo un tercio de la población brasileña, lo que supone, que hay desencanto en las bases, que el mandatario ha hecho muy poco de lo prometido, algo fácil de demostrar estadísticamente, y que ha sepultado parte de su capital político. La prensa muestra un panorama nada alentador: divisiones al interior del gobierno, torpezas públicas como lo fue pedir celebrar el aniversario de la dictadura, escándalos de corrupción que salpican a su familia, encontronazos con el Congreso, una economía que no despega y muchos etc más.
Dentro de las tantas preguntas que esta situación genera, centrémonos en una: ¿Cómo reaccionará Bolsonaro a esta coyuntura? ¿Cómo intentará recuperarse y evitar la picada? Hay fórmulas clásicas que el presidente seguramente usará: reforzar sus bases y llevar su discurso más al extremo para mantener el apoyo y la esperanza en ciertos grupos que le dieron la presidencia, me refiero a los sectores de corte más conservador, a los nostálgicos de la dictadura, a los ciertos sectores religiosos de perfil extremistas. Es muy probable que busque un culpable de sus fracasos fuera de su equipo, que intente desviar la atención hacia un conflicto interno o externo que le toque de cerca a la opinión pública nacional; es muy probable también que refuerce sus ataques contra la oposición, y por supuesto, en el ámbito de la comunicación, de Internet y las redes sociales, un espacio que su equipo cree manejar con destreza, pues continuar allí implantando matrices favorables a él.
Quizás, otro presidente, con otras características y en la misma situación, buscaría correrse al centro, pero la historia de este personaje, su proyección y la forma en que llegó al poder, hace muy poco probable esta opción. El escenario más probable, repito, puede ser el atrincheramiento, un Bolsonaro más agresivo tanto a lo interno como a lo externo. De todas formas, pase lo que pase, haga lo que haga, algo parece seguro para muchos analistas, y es que nada bueno puede esperar Brasil de una administración que desempolva viejas recetas neoliberales, tan desafortunadas para el pueblo, pero muy provechosas para las élites nacionales y el capital transnacional.
Y en este sentido quiero manejar otra idea que ya he comentado en análisis anteriores y que el caso Bolsonaro la reafirma. Es cierto que hay una revancha derechista, es cierto que hay una especie de restauración conservadora en América Latina, pero una restauración más débil de lo que muchos imaginan ¿Cuál de estos mandatarios derechistas hoy tiene altos índices de popularidad? ¿Qué gestión ha sido exitosa y ha colocado a sus países en una posición mejor respecto a años anteriores? ¿Cuál de ellos ha cumplido aunque sea la mitad de sus promesas electorales? ¿Cuál de ellos no se enfrenta al desencanto y a las reacciones populares? Con este panorama, no hay nada escrito en el futuro de esa derecha y de cada uno de sus gobiernos.

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