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La imagen de Bolsonaro cae con fuerza

Bolsonaro convirtió en su oportunidad, la crisis política que hoy vuelve a tomar presión comenzando por el actual Gabinete, con el añadido de que a este señor, los años en los pasillos del Congreso, no le enseñaron mucho sobre cómo moverse en el baile de las alianzas, a pesar de que las necesita como al oxígeno.

A fin de cuentas ¿cuál ha sido su “mérito”?. ¿Ocupar un puesto que las encuestas coincidían era para Lula?. Memoria. Los alfiles de Bolsonaro derivaron del golpe contra el PT, que inició contra Rousseff y continuó con la operación Lava Jato, tan bien conectada en sus prácticas con el departamento estadounidense de Justicia, y punta de lanza de una estrategia mayor: la instrumentalización de “lo judicial” para apartar referentes políticos, como Lula. Uno pensaría que, ahora que la imagen de Bolsonaro va en picada, sería un buen momento para transmitir transparencia, pero como reza el dicho: no se puede dar lo que no se tiene.
Tal vez por eso, el senador Flavio, hijo de Bolsonaro, protagonizó el último escándalo mientras intentaba torpedear la creación de una comisión parlamentaria (pospuesta ya dos veces) para investigar a los magistrados de las cortes superiores de Justicia en Brasil.
Curioso. De un lado, se violentan derechos y etapas para enjuiciar a Lula (sin pruebas) evitando su participación en elecciones. Y ahora se retrasa indefinidamente la oportunidad que tiene el gobierno de Bolsonaro de demostrar que No está infestado de corrupción el sistema y el Ejecutivo que dice combatirla. Principalmente a raíz de las filtraciones de mensajes entre el ex- juez Sergio Moro, devenido Ministro de Justicia, y fiscales de Lava Jato, donde apareció con todas sus letras la intención de usar el poder judicial para inhabilitar a Lula en 2018. Eso, por no hablar de las declaraciones del ex- director general de la empresa Odebrecht, Carlos Paschoal, donde revela que, en su delación premiada, fue casi obligado a construir una historia para perjudicar a Lula, por coacción de funcionarios del Ministerio Público.
No hay que ser experto para entender que está entredicho la totalidad de Lava Jato, mientras se convierten en distancias, las divisiones en el entorno político de Bolsonaro en cuanto a la gestión de un hundimiento predecible (pululan desde adentro los escándalos de corrupción y la ine – ficiencia como constante), y ellos mismos, con su doble vara, dan razón a la teoría del complot. Si nunca quedó muy claro cómo el juez que condenó a Lula, se convierte en titular del Gabinete del principal beneficiado por esa acción, o sea, Bolsonaro. Ahora sí es evidente que la ley que aplican, no llega a todos.
“Lula preso” es una de las razones principales para que la élite política, medios y militares se mantengan medianamente unidos en el carril Bolsonaro. “Un Lula libre”, trabajando por la cohesión de las izquierdas, sindicatos y movimientos sociales, dejaría a los de arriba, sin armas y con insomnio. La dignidad tiene eso, asusta a quien no puede llevarla.

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