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La guerra de Estados Unidos contra Venezuela

La guerra de Estados Unidos contra Venezuela

Hay una serie de preguntas recurrentes cuando analizamos el conflicto en Venezuela desde una perspectiva histórica reciente, y son las siguientes ¿La oposición venezolana no han aprendido la lección en 20 años? ¿No ha quedado demostrado que es solo el diálogo la vía para resolver los problemas? ¿No está claro aún que desgastar a un país en perjudicial para todos? Si, porque cuando hay violencia en las calles o un sabotaje eléctrico, no solo se afecta el gobierno y los chavistas, también los negocios privados y a los intereses de todos esos que secundan el bandalismo. ¿No urge sentarse a negociar y buscar una salida que sea ganar-ganar, porque la paz y el respecto a la Constitución siempre será la mejor salida? La lógica indica que sí, entonces ¿Qué pasa?

La cuestión parece estar en que los intereses y beneficios no se comportan de igual forma entre los diferentes actores que intentan destruir a la Revolución Bolivariana, y que no todos estos actores tienen el mismo poder de decisión, vamos a poner un ejemplo, el presidente colombiano Iván Duque ha visto crecer en poquísimos meses su popularidad en 15 puntos hasta llegar al 42 por ciento, es decir, es ahora más popular que cuando ganó las elecciones; lo interesante es que esto no se debe a que el mandatario colombiano ha resuelto los altos índices de pobreza en Colombia, uno de los países más desiguales del mundo, no ha disminuido la avalancha de asesinatos a líderes sociales, ni ha frenado la violencia paramilitar, ni ha hecho nada por resolver otros tantos problemas, no, Duque, por increíble que parezca, le debe el salto a la agresividad que mostró hacia Venezuela y el gobierno encabezado por el presidente Maduro.
Otros presidentes han obtenido su tajada: Piñera, heredero ilustre de los años pinochetistas, o Mauricio Macri, cuya familia se enriqueció en años de la dictadura, y ya sabemos quiénes se enriquecían en esa época, o Bolsonaro, fanático de los militares torturadores, quien duda que estos personajes no han aprovechado la coyuntura para mostrarse frente a algunos sectores como democráticos al “defender” de los venezolanos de la dictadura. Y qué decir de Washington, mientras más se avivan el fuego, más asegura Marco Rubio sus votos, y hasta el propio Trump, que debe echarse la Florida en el bolsillo si quiere reelegirse en 2020.
Para todos ellos es ganar-ganar, si se mantiene la crisis tienen un conflicto hacia el cual desviar la atención y ganar capital político, y si cae el gobierno chavista, serán los primeros en la cola para repartirse ese pastel rebosante de petróleo, oro, diamantes y otros tantos recursos naturales.
¿Quiénes son las víctimas? Obviamente Venezuela y su pueblo en su totalidad, y aunque sea difícil de creer, otra víctima es la oposición venezolana, que cometió el error de venderle el alma al diablo, o a los diablos, y hoy no tiene capacidad de decisión ninguna. Cuando Washington lo diga, se tendrán que parar de cualquier negociación, cuando Washington o Bogotá lo decidan, pues seguirán surgiendo payasos como Guaidó, con el triste papel de hazmerreír del mundo. Hasta que Washington decida, la oposición seguirá batallando sin fin como carne de cañón desgastada frustrada en su destino. Y lo peor es que Washington y cómplices, se están deleitando.

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