Ancianos en Cuba: ¿se respetan los derechos del adulto mayor?

Especialistas aseguran que para el año 2050, con un 38 % de adultos mayores, Cuba se encontrará entre los once países más envejecidos del mundo.

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Especialistas aseguran que para el año 2050, con un 38 % de adultos mayores, Cuba se encontrará entre los once países más envejecidos del mundo. Pero un fenómeno sociodemográfico como este, no involucra solo al Estado cubano, sino también a la familia, que a veces no se da por enterada.

Fomentar un entorno amigable con las personas de la tercera edad

Lo prometido es deuda. Semanas atrás dije en este mismo espacio que fomentar un entorno amigable con las personas de la tercera edad era una urgencia para una sociedad tan envejecida como la nuestra. Incluso me atreví a proponer algunas ideas, como: borrar del mapa cubano las aceras rotas, los espacios sin arboles, la falta de bancos y de baños públicos. Abaratar los precios de restaurantes, teatros, cines y transporte público, para los ancianos. Topar los precios de las frutas y vegetales que compra un abuelo en un mercado. Generar condiciones propicias para que el cobro en un cajero automático no sea un problema disfrazado de progreso.

La intervención activa y razonable de los gobiernos locales

Eran ideas; apenas ideas que no necesitarían la aprobación de la Asamblea Nacional, sino la intervención activa y razonable de los gobiernos locales, y apunté además que ninguna de estas propuestas negaba la validez y los resultados de una serie de programas y políticas públicas que el Estado cubano impulsa hace muchos años, para atender y promover la inclusión activa de las personas de la tercera edad en la sociedad, al tiempo que garantiza salud gratuita para todos.

Y claro, aquella vez dejé una puerta abierta para la responsabilidad que tiene la familia en la atención a nuestros viejos, porque a veces hay quien prefiere hacerse el listo y dejarle al Estado todo aquello que no desea afrontar desde el encargo individual y familiar, como le corresponde, por mandato de la sangre.

Familias que no atiende a las personas de la Tercera Edad

No es muela ni desvarío mío. Historias reales hay miles. Hace un tiempo, delante de mí, una persona le dijo a una trabajadora social que se hiciera cargo de su padre, que era insoportable, y si tenía que llevar la cama y el armario para allí, lo hacía, pero que en su casa no lo quería más. Dicho sea de paso, la casa era del padre.

Igual abundan las historias de ancianos que han sido abandonados por hijos que se fueron a una aventura migratoria, y los dejaron solos o al cuidado de los nietos, aunque las fuerzas no los acompañaran. Como sé de otros que han perdido sus casas por darles cobija a unos malagradecidos parientes. Y para colmo, he tenido que soportar la risa torpe de quien filmó y circuló este video aprovechando la demencia senil de una anciana.

Una falta de respeto grosera y burda. Y un ejemplo entre tantos que prueban lo lejos que estamos de propiciarles a nuestros viejos un entorno favorable en la última etapa de sus vidas. Porque no son pocos los ancianos desechados como sacos de arrugas que estorban en la casa, y nadie les habla salvo la radio o el televisor, ni les dan participación en las decisiones hogareñas porque dicen que sus métodos caducaron, y los dejan de noche en el portal, “para que tomen aire, que hace tremendo calor”, cuando ellos lo que quieren es ver la novela, como todos, en la sala.

Los abuelos necesitan la atención de todos

Hay abuelos que ni protestan, y esperan que les llegue el último día de sus vidas tranquilos, callados, tolerando lo bueno y lo malo con una paciencia inaudita, dispuestos a jugar dominó y a buscar el yogurt como vías de escape, confinados al balance o al último cuarto de la casa, allá en el fondo, donde nadie los ve, ni siquiera la familia que vive con ellos. Y claro, también hay quienes escapan hacia el parque o cualquier espacio público, y otros que se revelan, dan manotazos y hasta lloran enojados porque la familia se olvidó de ellos, los verdaderos horcones de cada piedra y sentimiento que hoy se levanta en ese hogar.

Violencia doméstica contra las personas de la Tercera Edad

Eso tiene nombre: violencia doméstica, y merece castigo. Si hoy son vejados los derechos de los ancianos en cientos de hogares cubanos –y ese número es tentativo–, habrá que revisitar las leyes que ponen coto a tanto maltrato, y evaluar el funcionamiento de los grupos comunitarios y las organizaciones de masas que no alertan a tiempo, o pasan por alto el despropósito pues prefieren no meterse en ese “rollo”.

El anciano debe saber que puede denunciar a los que conviven bajo su techo y violan sus derechos. Cuesta mucho, lo sé, y hay miedos a las represalias, también lo sé. Pero cada familia tiene la responsabilidad de cuidar y proteger a sus ancianos, y eso significa darles alimento, vivienda, atención de salud, confianza, seguridad, apoyo. No es una opción, es una obligación, que no todos entienden y que en las últimas décadas ha menguado bastante, presa de cierto déficit de amor filial que lacera el alma de los más viejos.

Los abuelos son la esencia de nuestros valores

Con mis abuelos aprendí que nuestros viejos tienen un valor muy especial, y no pueden reemplazar a los padres (al menos no a los buenos padres); pero en cuestiones del corazón, ellos saben estar en la primera fila de este combate tan duro que es la vida; alegrándonos el mundo, hasta que un mal día el destino da un giro y nosotros… comenzamos a extrañarlos.

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