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Guaidó, un papel gastado

Guaidó, un papel gastado

Estados Unidos quiso creer que 2019 era el año de la re –conquista de Venezuela. La escaramuza en la estrategia de eliminación de símbolos en América Latina, no porque haya amenaza en convivir en lo diverso. No. Sinó porque, cuando un imperio como el estadounidense necesita algo en la región que ve como propiedad, la costumbre es llamar, para que lo sirvan en bandeja.
Sucede que con Venezuela el equipo de Trump ha manejado mal hasta las expectativas. Cambiando hechos por percepciones, verdades por mentiras; y haciendo rodar maniobras que van desde operaciones en “fase final”, hasta el empleo fallido del opositor Guaidó. El golpista sin seguidores que “piensa tanto” en los venezolanos, que aceptaría una intervención militar estadounidense.

Sí, Guaidó es papel gastado hasta para el Secretario interino, Mick Mulvaney, quien dice ahora “lo apoyaremos” pero “sin acciones afirmatvas”. Parece que el fracaso fracturó el amor Guaidó – Casa Blanca.
Lo que lleva el juego directamente a la mesa alta donde (mañana y pasado) el canciller Lavrov y el presidente Vladimir Putin dialogarán en Rusia, con el Secretario norteamericano de Estado, Mike Pompeo, tras la conversación telefónica de Trump, con su homólogo ruso.
Una visita que parece poner coto a los impulsos, principalmente los de figuras como Pompeo que (junto a Bolton) encabeza el grupo partidario de la opción beligerante, y justamente a él, le toca ir a explicarse en casa ajena. ¿Tendrá que ver esa encomienda, con la necesidad de Trump de dejar claro que modera a sus subordinados, y no viceversa?. Lo cierto es que hay definiciones para no perder de vista. Geopolíticas, porque Venezuela está el centro de una disputa de hegemonías. Económicas, porque determina el anhelo de posesión sobre las riquezas del país bolivariano; e ideológicas, por el valor del ejemplo y el precio de mantenerlo vivo.
Esa obsesión de ciertos sectores en Estados Unidos por conectar el destino de Venezuela, con el agravamiento del cerco de Washington contra Cuba es parte de la misma desesperación por hacer caer lo que no toleran mirar. La batalla contra el símbolo, el deseo de eliminar por la fuerza lo que se impone por su autoridad moral. Hay cosas que Washington, ni intentándolo, acabará de entender.

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