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Formas, un retrato hablado de la vida

Formas, un retrato hablado de la vida

Las luces fueron cada vez más tenues en la sala de Las Carolinas. Una tela levitaba en la amplitud del espectro. Espirales. La música olía a violines. Sincronía. Lo irrepetible de la orquesta andante. Entonces aparecieron uno, dos…seis cuerpos. Formas es una oda a lo sublime de cada encuentro.

Miguel Azcue, del otro lado de la escena, lleva las manos a sus labios. Está impaciente. Observa al detalle una de sus mejores coreografías. Dialoga con cada gesto. Dialoga con él mismo. No mira a los lados. Todo es cuestión de complicidad con los movimientos que hizo levantar de las pasiones humanas.

La pieza celebra los encuentros entre las personas como elementos únicos. Investiga la relación entre forma y contenido, mecanismo en perpetua transformación que permite identificar patrones, atribuir significados y establecer relaciones. Es también una reflexión sobre las dinámicas de grupo frente a la paradójica necesidad de libertad y pertenencia del individuo.

Esta es una obra que, según Isabel Bustos, directora de Danza Teatro Retazos, “está hablando de estructuras sociales y personales, de sociedades donde en apariencia todos estamos definidos personalmente en cada situación, pero a la vez dentro de una estructura específica que te atrapa y te manipula. No importa en qué sociedad estés”.

Los intérpretes asumen la escena como espacio de intersección entre ellos y el público, integrándose, conviviendo y comunicándose. En Tránsitos Habana el asistente es parte viva de las presentaciones, por eso se busca un involucramiento con el proceso creativo en función de su entorno.

Director de la compañía sueca MemoryWax, Azcue habla aquí de: “que eres una persona que está afuera e intenta entrar y no lo logra, y si entra su personalidad deja de establecerse como tal. Esa es la contradicción de Formas”.

“El público —agrega Azcue— es parte fundamental del evento, aun en aquellos momentos donde no se encuentra presente físicamente, como en los paneles o las residencias. Todas las actividades apuntan directa o indirectamente al que mira lo que pasa desde otra perspectiva y al desarrollo de una relación más cercana, elocuente y significativa.

La pieza en sí indaga las esencias de las formas como manifestaciones del ser, del momento y la posibilidad de crear conexiones. Deviene guion danzario que explora esencias tales como la manifestación del ser y del momento, como posibilidad de crear. Causas, efectos, caos y orden se transfiguran en ese afán insaciable de transformarlo todo

“Nuestro empeño es el de abordar el hecho artístico como un espacio no solo de representación, sino de encuentro vivo entre el artista y el espectador, donde ambos son protagonistas, donde cada ser se ve reflejado y se reconoce. Esta relación permeará la temática, la estética, el lenguaje, incluso el espacio y permitirá que la gente experimente la obra como algo propio, como una posibilidad de ser y hacer”, acotó el coreógrafo.

Mientras tanto, aquellos seis bailarines de Retazos continuaban la secuencia. Los ojos del escenario seguían hasta la más mínima transición. La armazón de cuerpos imitaba desde el silencio de la quietud compacta al remolino de sonidos expresivos. La anarquía del contacto. Pareciese que ciertos hilos imaginarios sacudían marionetas humanas y que una especie de liviandad las dominara. Formas no se detiene, más bien evoluciona, tal si fuese un verso.

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