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Federico Chopin, de La Habana y el mundo

Federico Chopin, de La Habana y el mundo

A 209 años del natalicio de Federico Chopin, el arrebato romántico y visionario del genio del piano se reafirma como certeza.

Dedicó su vida a indagar la grandeza de un instrumento para el que casi todo estaba por escribir. Sus innovaciones en los procesos tonales y armónicos lo sitúan como un revolucionario de la música que marcó definitivamente el rumbo del arte del piano.

Chopin bebió de las mejores fuentes: Scartlatti, Bach, Mozart, Beethoven y Schubert después. Compuso e interpretó hasta la agonía existencial y, murió con apenas 39 años castigado por una precaria salud que le acompañó siempre.

“Me sucede a veces que no puedo por menos que suspirar y penetrado de dolor, vierto en el piano mi desesperación”, escribió en su diario.

Autor de muchas de las composiciones más interpretadas en el mundo, Chopin contempla La Habana. Una estatua suya fue inaugurada en la Plaza de San Francisco de Asís en el año 2010, como colofón de los festejos en Cuba por el bicentenario del artista polaco.

La obra, del escultor Adam Myjak, es fruto de la colaboración entre los dos países, en particular de la Asociación de Cineastas Polacos y el instituto Adam Mickiewicz, y por la parte cubana de la Oficina del Historiador de la Ciudad y el Ministerio de Cultura.

Allí, en el ángulo donde convergen las calles de Oficios y Amargura permanece él, sentado y broncíneo, a tamaño natural para que sus melodías revivan con cada mirada o flor que se le entrega.

 

Nocturno Op. 9 n.° 2: una de las obras más conocidas y hermosas de Chopin

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