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Engranajes sobre el tablao

Engranajes sobre el tablao

Lejos de todo poder de definiciones, nada encasilla el juego de una armonía. Las culturas tienen imanes cuya atracción respira en la tentadora mezcla del arte. En este jugoso abismo de recursos lo tradicional hace guiños a una modernidad que no mira a los lados pero que abre los brazos a todo.

Al son son flamenco es una pieza, un universo de códigos, un compacto de cultura y poesía en el movimiento. Es, en teoría, una presentación de Canto y Baile Flamenco. Es, en lo abstracto, un canal hacia la ósmosis andaluza en una isla que sirvió de nueva incubadora.

La pieza en sí, como concierto performático, se basa en las tradiciones de La Familia Fernández, una de las más distinguidas de los gremios flamencos. Su guion destaca la rica cultura flamenca Andaluza y como proyecto en sí incluye bailarines de diferentes culturas, edades y orígenes.

Hilvanan el entramado con algo más que acción. En el discurso simbólico también hacen entrada la etimología. La ciencia y el arte deben servirse en el mismo plato. El “Son Son” del título es una abreviación para la palabra soniquete que significa el ritmo y sonido tan único creado por el zapateo flamenco. A juego con las sílabas y el toque inteligente en escena, esta también el sonido final de la palabra “corazón”, una insinuación hacia el flamenco y su habilidad de llegar al corazón y alma de quien lo escucha y ve.

Sonia Olla no quita los ojos del tablado. Ve materializados por fin su propio repiquetear. Puede que esté pensando en su próxima coreografía. Tal vez este sea un canto donde los tacones sean mensajeros de su Barcelona natal. Tiene el flamenco en los cuatro costados.  Se graduó del prestigioso Instituto de Teatro y Danza de Barcelona. En su devenir profesional, ha estado de gira con muchos de los grandes del flamenco incluyendo Antonio Canales, Eva La Yerbabuena, Rafaela Carrasco, Merche Esmeralda, María Pagés y La Farruca.

Uno de sus secretos o cartas de triunfo viene desde su rol multifacético como directora y coreógrafa de sus propias producciones. El mundo entero ha podido verlo. Lo atestiguan, entre muchos, The John F. Kennedy Center for the Performing Arts, Carnegie Hall, Lincoln Center, Le Poisson Rouge, The Rose Nagelburg Theatre, Baruch Performing Arts Center y el Instituto Cervantes (Chicago).

Ismael Fernández le toma de la mano a Sonia por la vida. El sentimiento y las voluntades los unen en la vorágine de la danza. Sonríen a sus discípulos. Los ven herederos de un paraíso cultural que no hace más que trascender. Ismael lleva el timón de la dirección musical. Trae la veta de los gitanos de Sevilla, su cuna y patria cultural. Creció cantando en festivales de Flamenco con su familia.

El mérito reverencia un andar común que se alimenta, más que de aplausos y tropiezos, de continuidad.  Sonia reside actualmente en New York, donde enseña flamenco y baila junto al verso llevado al ritmo de Ismael Fernández. Han creado un rico repertorio incluyendo Tablao Sevilla, Entretiempo, Por Los Caminos y Tiempo al Aire.

Sobre la madera pulida está hoy el legado. No está quieto. Perpetúa en nuevas telas y espíritus. Acaricia la vista y el oído de la esencia expectante. Pura mecánica de unísonos.

 

 

 

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